Alejandro Sanz planta cara a los estereotipos sobre Andalucía tras el comentario de Núñez Feijóo
El artista responde a las declaraciones del líder del Partido Popular que aseguró que "los andaluces no saben contar"

Feijoo y Alejandro Sanz
Andalucía - Publicado el
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La actualidad política española volvió a cruzarse con el mundo de la cultura tras unas palabras pronunciadas por Alberto Núñez Feijóo en un contexto de confrontación parlamentaria. La frase, interpretada por numerosos oyentes como una referencia despectiva a que “los andaluces no saben contar”, provocó una oleada de críticas en redes sociales y reacciones desde distintos ámbitos sociales, especialmente en Andalucía.
Aunque desde el entorno del dirigente se intentó matizar el alcance de la expresión, el daño ya estaba hecho: el comentario fue percibido como una generalización ofensiva que reproducía un estereotipo histórico contra una comunidad entera. En un clima político tensionado, la polémica se convirtió rápidamente en un asunto de debate nacional.
La intervención de una voz cultural influyente
En ese contexto, Alejandro Sanz decidió intervenir públicamente. Sin recurrir al insulto ni a la descalificación personal, el músico respondió apelando a la dignidad colectiva y al respeto entre territorios. Su mensaje, difundido a través de redes sociales, subrayó que la inteligencia, el talento y la capacidad crítica no dependen del lugar de nacimiento, sino de la educación, la experiencia y las oportunidades.
La respuesta del artista destacó por su tono: lejos de buscar confrontación partidista, optó por una defensa serena de Andalucía y de su aportación histórica, cultural y social al conjunto del país. En pocas líneas, Sanz logró conectar con un sentimiento compartido por muchos ciudadanos que consideran agotado el uso de clichés territoriales en el discurso político.
Más allá del enfrentamiento político
Uno de los elementos más relevantes de la intervención de Sanz fue su voluntad de sacar el debate del eje estrictamente partidista. El cantante evitó mencionar siglas o estrategias electorales, centrando su réplica en un mensaje de convivencia y respeto. En ese sentido, su contestación fue leída como una llamada de atención al conjunto de la clase política, independientemente de su adscripción.
El episodio también volvió a poner sobre la mesa el papel de los personajes públicos del ámbito cultural en la conversación democrática. Frente a la idea de que los artistas deben mantenerse al margen, este caso muestra cómo pueden actuar como mediadores simbólicos, capaces de traducir un malestar social en un mensaje comprensible y transversal.
La respuesta de Sanz fue ampliamente compartida y comentada, recibiendo apoyos de ciudadanos anónimos, profesionales de la cultura y representantes institucionales. Muchos destacaron que la polémica no residía únicamente en una frase concreta, sino en la persistencia de prejuicios que, aunque a veces se expresan de forma implícita, siguen presentes en el debate público.
Desde el ámbito político, las reacciones fueron dispares. Algunos dirigentes reclamaron mayor cuidado en el lenguaje, mientras que otros minimizaron el asunto, considerándolo una sobrerreacción mediática. Sin embargo, el impacto social de la intervención del artista evidenció que existe una sensibilidad creciente frente a discursos que puedan interpretarse como excluyentes.
Un debate que trasciende la anécdota
Con el paso de los días, el episodio se consolida no solo como una polémica puntual, sino como un síntoma de tensiones más profundas. La respuesta de Sanz ha servido para visibilizar un rechazo amplio a los estereotipos regionales y para recordar que la diversidad territorial es una de las principales riquezas del país.
En definitiva, la contestación del artista no solo defendió a Andalucía, sino que apeló a un principio básico de convivencia democrática: el respeto mutuo como base indispensable del discurso público, venga de donde venga y se dirija a quien se dirija.



