La Navidad más allá del pesebre: el misterio que une la cuna y la cruz en un óleo de 1681
En su columna de opinión 'Ad líbitum' para cope.es/jaen, Javier Pereda analiza el profundo mensaje teológico del cuadro 'El Niño Dios dormido sobre la cruz'

Ad líbitum, con Javier Pereda
Jaén - Publicado el
2 min lectura5:25 min escucha
El periodista Javier Pereda, en su columna de opinión Ad líbitum para cope.es/jaen, ha propuesto una reflexión navideña a partir del óleo 'El Niño Dios dormido sobre la cruz', del pintor madrileño Alonso del Arco (1681). La obra se aleja de la tradicional estampa del pesebre para ofrecer lo que Pereda describe como un "tratado de teología" que conecta directamente los misterios de la Encarnación y de la Pasión, Muerte y Resurrección del Señor.
Un villancico profético
Pereda relaciona el significado del cuadro con la letra de un villancico popular que, a su juicio, "alcanza altas cotas de sabiduría". La canción narra la llegada de un niño que pide cobijo y revela su destino al afirmar: "Mi padre es del cielo, mi madre también. Yo bajé a la tierra para padecer". Este verso resume la idea central que también expone la pintura: Jesús se encarna para padecer y salvarnos por amor.
Mi padre es del cielo, mi madre también. Yo bajé a la tierra para padecer"
La Pasión en un lienzo
La pintura de Alonso del Arco está cargada de simbolismo. En ella, el niño irradia desde su cabeza "las potencias de la divinidad" mientras duerme sobre la cruz, en la que ya figura el título INRI ('Iesus Nazarenus Rex Iudæorum'). También aparece un estandarte con las siglas SPQR ('Senatus Populusque Romanus'), que señala a los responsables de la crucifixión.
El autor subraya que la culpa de la crucifixión es compartida, pues, según afirma, "cada vez que se comete un pecado, volvemos a crucificar a Jesucristo". En el lienzo se observan también una jarra y una jofaina, en alusión a Poncio Pilato cuando se lavó las manos, y un gallo, que recuerda la negación de Pedro y su posterior arrepentimiento.
Cada vez que se comete un pecado, volvemos a crucificar a Jesucristo"
Los instrumentos del martirio
La obra detalla los 'Arma Christi' o instrumentos de la Pasión. Entre ellos se encuentran la lanza de Longinos, la caña con la esponja de vinagre, la escalera, la corona de espinas o los dados con que los soldados se jugaron su túnica. Pereda destaca también la presencia del lienzo con el que la Verónica enjuagó el rostro de Jesús, cuyos pliegues, recuerda, "residen en Jerusalén, Roma y Jaén".
Para Pereda, la Encarnación y la Pasión "son las mayores muestras de amor ante las que resulta imposible permanecer indiferentes", por lo que concluye con un llamamiento a corresponder a Jesús "en el encuentro diario en la Eucaristía y en los Evangelios". Cita a San Atanasio de Alejandría para cerrar su reflexión: "El hijo de Dios se hizo hombre para que el hombre pudiera llegar a ser Dios".
Este contenido ha sido creado por el equipo editorial con la asistencia de herramientas de IA.



