OPINIÓN

Ad Libitum con Javier Pereda. Hoy: Hipocresía

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Redacción COPE Jaén

Jaén - Publicado el - Actualizado

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Los puritanos de velar por la moral pública, han elevado la anécdota a categoría, con la representación de los universitarios del Colegio Mayor Elías Ahuja de Madrid. No pretendo defender el comportamiento maleducado y soez de unos jóvenes, probablemente con alguna copa de más, en la puesta de escena ante sus amigas de la residencia Santa Mónica. Pero tampoco que esta “performance” se convierta en una cuestión de Estado, en el que intervenga la Fiscalía, el Congreso de los Diputados y la Universidad Complutense. La mayoría de los grupos parlamentarios no se desvían del guion trazado por la corrección política sobre la ideología de género, implantado por el Gobierno social-comunista.

Recuerdo cómo en los inolvidables años universitarios en el Colegio Mayor Albayzín de Granada también nos gustaba transgredir la disciplina. Las normas colegiales establecían que los sábados por la noche se volvía al colegio antes de la una, de lo contrario exigía saltar por el pararrayos, con la amenaza de expulsión; todos los años los residentes vecinos del Colegio Mayor Isabel la Católica nos provocaban con insultos, pero la dirección frustraba una posible batalla campal; les devolvíamos esa visita ganándoles siempre en el torneo de fútbol universitario; a las universitarias de la residencia contigua de “las cortijeras” les piropeábamos con más elegancia —ahora estaría prohibido—: “Eso es un cuerpo y no el de la Guardia Civil” o “Dime como te llamas y te pediré para reyes”. Quizás éramos más románticos cantando canciones de tuna como “Clavelito”, “Cielito Lindo” o “Las Cintas de mi Capa”, pero desde entonces la naturaleza humana no ha experimentado grandes cambios. Por eso, los mensajes ordinarios y chabacanos lanzados por los “ahujos” de “Putas, salid de vuestras madrigueras como conejas; os prometo que vais a follar todas en la capea”, ha llevado hipócritamente a la mayoría de la clase política a rasgarse las vestiduras.

Sobre todo, porque las universitarias no se han sentido ofendidas; se trataba de un juego orquestado, como lo demostraba las risas o el turno de réplica a modo “Hola, Fondo norte”, “Hola, Fondo sur”. El Ministerio orwelliano de la Moral, como Gran Hermano, aduce que “es la muestra más evidente de que hace falta educación sexual”. No sabemos si se refiere a la educación sexual de su pareja/o/e/ (utilizando su manido lenguaje inclusivo) que pretendía azotar a la periodista Mariló Montero hasta que sangrara; o la educación de sus correligionarias asaltando en sujetador la capilla de la Universidad Complutense, al grito de “Arderéis como en el 36” o “Vamos a quemar la Conferencia Episcopal por machista y carcamal”. Sin embargo, estos censores de la moral pública presentan ante la Fiscalía (¿De quién depende? Pues eso) las letras musicales de la sátira de InfoVlogger y Los Meconios de “Volveremos al 36”, por homófoba y guerracivilista; cuando quien la canta es gay y señala a la izquierda por devolvernos a aquel escenario. Esta denuncia denota que encuentran competidores en la hegemonía por la batalla cultural. Después de que los probos políticos condenaran pomposamente a los “ahujos” (“sólo sí, es sí”), las “mónicas” les ponen en evidencia al explicarles que lo han sacado de contexto; pero capaces son ahora de inventar “sólo sí, es no”. Los que están corrompiendo a los menores en los colegios con la promoción del aborto desde los 16 años; los que fomentan la promiscuidad sexual con el suministro gratuito de anticonceptivos; los que han legalizado el cambio de sexo y la pedofilia; los que confunde un piropo y proclamas sarcásticas con delitos de odio (…), quieren imponer su ingeniería social basada en el libertinaje sexual. La coherencia ideológica de este feminismo trasnochado guarda silencio ante el asesinato de la joven iraní Mahsa Amini, por llevar el velo mal colocado.

Pero cabalgan contradicciones porque han recibido fondos del régimen de los ayatolás; el mismo que cuelga a los homosexuales por el cuello en una grúa. Si pudieran internarían a los “ahujos” en campos de reeducación sexual, para convertirlos en “hombres blandengues”; aunque éstos alegarían en su descargo la coartada “trans” de sentirse mujeres. Lo políticamente correcto ve la paja en el ojo de los “ahujos”, pero banaliza la viga de la violencia de Estado con la legislación de género. Resulta hipócrita colar el mosquito del caso Ahuja, cuando estos gobernantes están tragándose el camello de pervertir a la juventud.

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