
Jaén - Publicado el - Actualizado
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La vanidad campa a sus anchas durante todo el año, pero encuentra en las fiestas navideñas campo abonado. Los acontecimientos periódicos de estas fechas permiten que personas anónimas alcancen sus minutos de gloria. El sorteo de lotería concede la fama a los afortunados poseedores de un décimo del Gordo. La popularidad los coge de improviso por lo que comparecen ante las cámaras con un collar de espumillón al cuello y bebiendo cava en vasos de plástico. Comentarios usuales ante la pregunta de en qué gastarán el dinero, “tapar agujeros, algún viaje y la hipoteca. Tampoco da para tanto”.
Los periódicos rellenan las ediciones de principios de año, dada la escasez de noticias, con la menudencia de presentarnos al último y primer nacimiento del año saliente y entrante. Los padres, felices y confundidos, reciben una medalla de la Junta de Andalucía por haber sido tocados por el azar del parto en el momento adecuado. Los lectores aguardamos con la respiración contenida cómo se llamarán los neonatos. Porque cada vez los progenitores, que suelen ser primerizos -casualidad o determinación de las comadronas-, eligen nombres más raros. Superados los infumables Jessica María o Lionel Antonio, habremos de ver el día en que a las niñas les pongan Nueva Zelanda Santísima y a los niños Thor Jesús, no por el dios nórdico del trueno sino por la película de Marvel. Hemos de suponer que a la madre le pareció un guaperas Chris Hemsworth, lo cual está fuera de toda duda, pero por ese arco del triunfo onomástico no pasó el padre. Convenció a la parturienta con el juego fonético Hems-worth Thor. Y hubo paz para atender los llantos del mocoso.
Este diciembre raro hay traído la novedad de sacar del anonimato a los primeros vacunados contra el coronavirus. Han sido ancianos. ¿Qué podrían contar de la experiencia? Nada. Sin embargo, acudieron prestos los periodistas para buscar las respuestas de los inoculados. Ni les han salido ni cuernos ni han echado espumarajos por la boca de modo que se han limitado a reseñar nombre, apellidos y residencia en la que moran. Los protagonistas han tenido el buen gusto de no mandar saludos a sus allegados. A lo sumo, han referido lo que tenían de comer ese día. Se perdió la ocasión de que narrasen, para ejemplo de los jóvenes, cómo superaron una guerra o sacaron adelante una familia.
Por hechos como los narrados somos una sociedad anónima. Que para más inri no reparte dividendos.
Palabras, divinas palabras.



