OPINIÓN

Las Divinas Palabras con Ernesto Medina. Hoy: gandul, vago, perro

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Redacción COPE Jaén

Jaén - Publicado el - Actualizado

2 min lectura

No es lo mismo ser un holgazán, que un perro, un perezoso o un gandul. De los citados adjetivos el peor, sin duda, es perro. “Eres más perro que la chaqueta un guarda” dice el viejo aserto español. Además, en perro se puede arrastrar la “rr”, perrrrro, así con mala leche. Hasta en la radio se utiliza peyorativamente, que fue lo primero que me enseñaron López y Agudo cuando hube llegado a la emisora, “saturas como un perro”. Lo curioso es que el aumentativo, perrón, es más indulgente y su verbo derivado perrear se considera apropiado en el despertar o en la siesta.

Por tanto, no admito que el confinamiento nos haya vuelto perros. Un poco perezosos, sí. Las horas en el hogar se han dilatado de manera que se podía retrasar el trabajo. Se cumplía, pero a nuestro aire, sin agobios. Al margen de que siendo innecesario arreglarse para acudir al puesto de trabajo y ganados los minutos del desplazamiento, quedaba tiempo para contemplar las musarañas. Siempre y cuando en tu casa no hubiera niños, porque entonces tocaba ponerse con las matemáticas, la historia, Moodle y la madre que los parió a todos.

Caso en el que añorabas la holgazanería. En su acepción de holgar, disfrutar. Llegada la una y media, se daba por concluida la jornada laboral. Unas tapas de diseño según los vídeos que circulaban por las redes. Cerveza fría recién sacada del congelador y aquí me las den todas. No aventuremos si la holgazanería nocturna o la de sobremesa cuadra con una posible etimología de follar. Curiosidades del lenguaje.

Resta referirnos a gandul, que tiene su femenino, gandula, por más que éste sea poco frecuente cual si la gandulería fuere exclusiva de los varones, quizá porque el vocablo se refiere a antiguos soldados moros. Considero que gandul es más benévolo debido a que en antiguo árabe significaba “mimado”. Supongo que la representación del gandul es estar tumbado en el sofá mientras cariñosamente le dan con la escoba al tiempo que proclaman, “anda, no seas gandul y levanta, que me tienes que ayudar”. El resto lo dejo a su imaginación, dilectos oyentes.

Expuestas estas consideraciones sobre la riqueza léxica en español del “dolce far niente”, el dulce no hacer nada que diría un italiano, sólo me resta constatar que a lo mejor esto del confinamiento no era tan malo. Que incluso en eso consiste el estado idílico del ser humano. Vayan ustedes a saber. ¡Pero que trabajito nos va a costar volver a la normalidad!

Palabras, divinas palabras.

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