MEDIO AMBIENTE
El chopo, de su uso en Al-Ándalus a la innovación ambiental
Roberto Ruiz Oliva
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Roberto Ruiz Oliva
La historia del chopo en Granada no solo queda en el pasado, con su amplio uso en el periodo de Al-Ándalus y su presencia en la mismísima Alhambra, sino que cuenta además con un prometedor futuro gracias a un proyecto que pretende recuperar las alamedas productivas y aprovechar sus beneficios medioambientales.
El catedrático y coordinador del proyecto "LIFE Madera para el Futuro", Antonio Gallego, ha hecho este sábado en el discurso de apertura del curso académico de la Universidad de Granada un amplio repaso por la historia del chopo en su ponencia "De la lira verde de Góngora a la construcción industrializada con madera: un paseo por la innovación".
Este profesor ha destacado que la Vega de Granada, un espacio agrario que, conformado fundamentalmente en época medieval, se ha mantenido prácticamente inalterado hasta el presente y que fue inspirador de la obra de Federico García Lorca, no se puede concebir sin la presencia de las alamedas.
En su intervención, Gallego, que ha considerado que la formación y la conciencia medioambiental deberían ser una prioridad en todos los sistemas educativos, se ha preguntado si resulta "sostenible y razonable" que la mayor parte de la madera estructural que se usa en España y Andalucía provenga de centro Europa, cuando nuestro país es el tercero más forestal de la unión.
Al respecto, ha repasado los claros beneficios de la madera en la construcción gracias a su carácter biodegradable, como producto local, que puede combatir la pérdida progresiva de población en el medio rural y conllevar una mayor protección de los montes.
Este experto ha recordado que la explotación del chopo, especie de crecimiento rápido y de fácil cultivo en zonas de ribera, surgió por el déficit maderero por el que atravesaban muchos países, y que el chopo en Granada ha sido y sigue siendo uno de los recursos madereros más importantes.
Está más que demostrado, ha explicado, que el chopo fue ampliamente usado en el Reino de Granada durante el periodo de Al-Ándalus y que una prueba evidente son las cubiertas de las dos naves laterales del Patio de la Guardia de la Alhambra, construidas con pares de madera de chopo.
También es conocida la existencia de rollizos de chopo en las cubiertas y techumbres de muchas casas moriscas de la ciudad de Granada y la comarca de la Vega.
El catedrático, que ha repasado la historia de la considerada primera Revolución del Chopo en la época de las azucareras y los secaderos de tabaco, las fábricas de envases para el sector hortofrutícola y la crisis desde principios de este siglo, se cuestiona también si es sostenible el sector del chopo en Granada si se sigue manteniendo la industria del envase como única salida de la madera.
Al respecto, apuesta por "provocar una nueva revolución" del chopo con un nuevo producto de más valor añadido basado en las necesidades ambientales y su uso en construcción como material estructural.
En este contexto, el proyecto "LIFE Madera para el Futuro" pretende precisamente ser motor para recuperar las alamedas productivas de la Vega de Granada con el fin de mejorar la biodiversidad y lograr el secuestro de carbono a largo plazo en nuevos productos estructurales.
Entre otros objetivos, se pretende provocar la aparición de un nuevo ecosistema industrial local de productos estructurales hechos con madera de chopo sobre las claves del conocimiento y la existencia de un mercado.
Ha incidido en que el agricultor de chopos no solo está criando madera, sino que también está capturando carbono de la atmósfera que queda retenido en su madera.
"Las choperas son, en definitiva, granjas de carbono. Además, cuando el uso de la madera es estructural, este carbono puede quedar fijado incluso siglos, sin capacidad de reincorporarse a la atmósfera en el plazo inmediato", ha asegurado.
En este contexto, el proyecto LIFE Madera para el Futuro implementará un sistema innovador de cálculo de créditos carbono que podrán ser vendidos por los propietarios de las alamedas a empresas que generen emisiones netas positivas y necesiten o deseen compensar su huella de carbono.
Se trataría, por tanto, de crear un mercado local de créditos de carbono para hacer que el dinero de su venta revierta en la propia economía y el medio ambiente, de modo que se cierre un "círculo virtuoso" de una nueva bioeconomía basada en el desarrollo sostenible y la mitigación de cambio climático.



