La nueva arma de China de pulsos capaz de destruir satélites en órbita desde el suelo: este es el impacto que tendría
El nuevo armamento chino reaviva la carrera armamentística espacial entre potencias

Un cohete Falcon 9 de SpaceX poniendo en órbita a 56 satélites Starlink
Madrid - Publicado el
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China cuenta con un sistema chino de microondas de alta potencia que podría usarse para atacar satélites como los de la red Starlink, reavivando el debate sobre la llamada “guerra espacial”.
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Aunque la idea suena a ciencia ficción, se trata de una línea de investigación real en el ámbito militar, pero con muchas limitaciones técnicas y un contexto geopolítico que conviene entender sin alarmismo.
¿Qué es este arma?
Este tipo de arma pertenece a la categoría de “energía dirigida”, es decir, sistemas que no disparan proyectiles físicos, sino haces de energía, como láseres o microondas. En el caso concreto que se ha mencionado, se habla de pulsos electromagnéticos de enorme potencia capaces de interferir o incluso destruir componentes electrónicos.
En teoría, si un pulso suficientemente intenso alcanzara un satélite, podría desorientarlo, interferir sus comunicaciones o incluso inutilizar sus sistemas. Este enfoque es atractivo para los ejércitos porque sería más barato que lanzar misiles antisatélite y podría utilizarse desde tierra sin crear basura espacial.

Una imagen de un satélite Starlink 24 de SpaceX
El impacto de un ataque contra satélites como los de Starlink sería considerable. Estas constelaciones proporcionan internet, comunicaciones militares, navegación y apoyo a emergencias en zonas remotas o en conflictos.
Interferirlas podría afectar desde servicios civiles hasta operaciones militares, lo que convierte a los satélites en objetivos estratégicos.
Además, el espacio se ha convertido en una infraestructura crítica global: GPS, meteorología, telecomunicaciones y mercados financieros dependen de sistemas orbitales. Por eso, cualquier amenaza contra ellos se interpreta como un asunto de seguridad nacional.
Estos satélites Starlink podrían ser claves en escenarios de conflicto bélico. Por ejemplo, en el conflicto ucraniano, estos dispositivos han permitido que Kiev pueda mantenerse comunicada con sus tropas, agilizando respuestas. Acabar con esta red de comunicaciones tendría un gran valor estratégico a nivel geopolítico.
El impacto de este arma
A nivel geopolítico, la existencia de armas antisatélite refuerza la carrera armamentística en el espacio entre potencias como Estados Unidos, China y Rusia.
Cada avance tecnológico genera preocupación en los rivales y puede acelerar el desarrollo de sistemas defensivos o de represalia, como satélites más resistentes, redes redundantes o incluso armas espaciales propias.

Elon Musk, dueño de X, SpaceX y los satélites Starlink
Esto forma parte de una competencia estratégica más amplia por el control de infraestructuras digitales y espaciales, similar a lo que ocurrió con el desarrollo de armas nucleares o cibernéticas en décadas anteriores.
Sin embargo, conviene poner estas noticias en perspectiva. Muchas informaciones sobre “armas milagro” proceden de estudios preliminares, propaganda o interpretaciones exageradas de avances científicos.
Los satélites modernos incorporan blindaje, redundancia y protección contra radiación, y además están a cientos o miles de kilómetros de distancia, lo que dificulta concentrar suficiente energía desde tierra, por lo que la eficacia real de este arma queda por demostrarse en la realidad.
¿Se podría usar este arma?
En la práctica, los sistemas de energía dirigida tienen limitaciones de alcance, precisión y consumo energético, y su uso real en un conflicto sería mucho más limitado de lo que se podría pensar.
También hay un componente político claro. Las grandes potencias llevan años desarrollando capacidades antisatélite, pero rara vez las detallan públicamente. La publicación de este tipo de investigaciones suele interpretarse como una señal estratégica, una forma de mostrar capacidad tecnológica y disuadir a rivales sin necesidad de usarla.
Además, atacar satélites de forma directa sería una escalada muy grave, comparable a atacar infraestructuras críticas en tierra. Podría considerarse un acto de guerra con consecuencias diplomáticas y militares imprevisibles, por lo que los países suelen ser muy cautelosos con este tipo de capacidades.
Para los usuarios comunes de servicios como Starlink, el riesgo inmediato es muy bajo. No hay indicios de ataques reales ni de sistemas desplegados operativamente. Aun así, estas noticias recuerdan hasta qué punto nuestra vida digital depende de infraestructuras invisibles en el espacio y de una carrera tecnológica global que no siempre vemos, pero que podría influir en el futuro de las comunicaciones, la seguridad y la geopolítica.
En resumen, la investigación china en armas de microondas forma parte de la competencia tecnológica global, pero no significa que mañana puedan dejar sin internet a medio planeta. Es un recordatorio de que el espacio es un nuevo campo de rivalidad estratégica, pero también de que los titulares más espectaculares suelen simplificar en exceso tecnologías que, en la realidad, son mucho más limitadas y controladas de lo que parecen.




