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¿Por qué aplaudimos cuando algo nos gusta?

Un español tiene el récord documentado de persona que más minutos de aplausos ha recibido de forma ininterrumpida

¿Por qué aplaudimos cuando algo nos gusta?

 

Javier Escartín
@javierescarting

Coordinador digital del Grupo COPE

Tiempo de lectura: 2'Actualizado 07:56

El cantante Miguel Ríos dijo una vez durante una entrevista que nada hay más dulce y adictivo para un artista que el aplauso. "Es el combustible que te da la energía necesaria para aguantar en la cuerda floja las críticas malévolas, las dudas paranoicas, la insoportable levedad del éxito", aseguraba. 

El ser humano busca permanentemente el aplauso y el reconocimiento, tanto en el ámbito personal como en el profesional. Los aplausos son la gasolina de los artistas, los deportistas, los músicos y todo aquel que se exhibe ante un amplio número de personas. Pero, ¿cuál es el origen del aplauso? ¿Por qué chocamos las palmas de nuestras manos como signo de reconocimiento, aceptación o júbilo? 

Los historiadores y sociólogos no han encontrado un punto de origen de la costumbre de aplaudir. Lo que sí sabemos es que es un acto absolutamente universal, incluida en prácticamente todas las culturas. En general, podemos decir que es un gesto evidente de aceptación. 

La primera documentación sobre el aplauso la encontramos en el Imperio romano.  Al final de muchas de las obras teatrales, el protagonista de la representación gritaba “Valete e plaudite!” ("¡Adiós y aplaudid!"), a lo que el público, o al menos una parte que solía recibir dinero por hacerlo, aplaudía. La rumorología también dice, en este sentido, que el emperador Nerón podía llegar a contratar a inmensos grupos de personas para que aplaudieran sus discursos. 

A partir de ahí, el aplauso se ha asentado como la máxima expresión de aprobación. Aplaudir también es una forma de expresar la emoción reprimida o el deleite. Los niños y los chimpancés lo hacen espontáneamente.

El aplauso más largo de la historia - documentado, por supuesto - duró 80 minutos. La persona que recibió este gran reconocimiento fue el tenor español Plácido Domingo. Durante una hora y veinte minutos el público le aplaudió tras interpretar el ‘Otelo’ de Verdi en la Ópera Estatal de Viena. El intérprete tuvo que salir 101 veces al escenario para agradecer el reconocimiento masivo del público.  Además, el 28 de julio de 2010 Plácido Domingo recibió otro gran aplauso de 32 minutos tras la ópera Simón Boccanegra en el Teatro Real de Madrid.