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Un taxista que también ejerce como conductor de Uber: “Tengo la mala costumbre de querer comer todos los días”

La bajada de la demanda ha obligado a algunos conductores a buscar una alternativa para no perder ingresos

La FAAT confía que la modificación del Reglamento Andaluz del Taxi implemente medidas de mejora

Tiempo de lectura: 3'Actualizado 15 nov 2020

Entrar en la aplicación de Uber para pedir un coche. Y, en vez de que llegue a buscarte un coche negro, aparece un taxi preguntado por tu nombre. Es extraño, pero cada vez más común porque ante la situación de crisis algunos taxistas han empezado a trabajar también para plataformas de VTC como Uber o Cabify.

“Yo era reacio, pero tengo una mala costumbre y es que me gusta comer todos los días”, nos cuenta un taxista que ha pedido mantenerse en el anonimato. Lleva dos años trabajando como asalariado para un propietario de licencia de taxi y leva poco menos de un mes asumiendo carreras contratadas a través de la aplicación de Uber. Vio como el nivel de trabajo bajaba cada vez más, y empezó a sentir “mucho estrés por no tener ni clientes ni dinero”. Reconoce que ha tenido que “bajarse del caballo”, pero está “contento de tener trabajo”.

La plataforma no le ha pedido ninguna exigencia, más allá de “la licencia del coche, la tarjeta de identificación del conductor, el carnet de identidad y el de conducir, y no tener antecedentes”. No tiene que llevar uniforme. Eso sí, Uber se queda el 12% de cada carrera. Aun así, el conductor reconoce que le sale muy a cuenta: de hacer entre 10 y 12 horas al día solo con el servicio de taxi y ganar 80 o 100 euros, ha pasado a hacer casi el doble en el mismo tiempo, entre 150 y 160 euros. “Te aprovechas del trabajo de calle que es el del taxi, y a la vez de esas carreras que contrata el cliente de Uber”, cuenta.

En lo que lleva ofreciendo los dos servicios, no ha tenido la sensación de que el cliente se sienta decepcionado al ver aparecer un taxi. Reconoce que algún compañero ha tenido alguna discusión con un usuario: “algunos se han montado a regañadientes, porque si no la aplicación les penaliza. Eso sí, cuando se bajan, te califican mal”. Sin embargo, lo ve como hechos puntuales y está convencido de que “la gente presupone que el taxista se conoce mejor las calles, o las rutas”. Una opinión que comparte otro compañero, que también ha preferido no dar su nombre. Está convencido de que la gente cree que los taxistas con “más profesionales a la hora de conducir y conocer la ciudad”.

Como el primer testimonio, se ha sumado al servicio de Uber tras 11 años trabajando como taxista por la situación de precariedad. Lo ve como “una herramienta más en el día a día”. Mientras hablamos con él, pasamos por la puerta de un hospital. En la acera, una hilera de taxis esperando a que salgan posibles clientes. Nos explica que gracias a trabajar también para la plataforma de VTC, no tiene por qué limitarse a esperar en la calle a que alguien solicite su servicio.

También ha visto como la recaudación por carreras cada día ha subido casi al doble. Considera que uno de los principales problemas del taxi es que “está limitado en precio y horarios”. Da igual que ofrezca un servicio por la mañana “o un viernes por la noche”, mientras que los precios de las plataformas “varían en función de la demanda”.

Al entrar en un Uber o un Cabify, no es raro que el conductor pregunte al cliente si quiere escuchar una emisora determinada o que este vaya en uniforme. Nuestro testimonio cree que “no hay tanta diferencia con los taxis”, porque “el trato va en cada persona”. Si a él le piden que cambie de emisora, no tienen ningún problema, y es algo que ya hacía cuando solo trabajaba como taxista. “Me gusta ser educado. Ni todos los conductores de Uber son agradables, ni todos los taxistas son unos orcos”, añade.

Mientras conduce, va apagando la pantalla del móvil con el que acepta las carreras que le llegan por la aplicación de la plataforma y que no son de taxi. “No me siento orgulloso”, reconoce. Y advierte de que este acercamiento “no zanja la guerra entre las VTC y el taxi tradicional”, porque defiende como necesario que el trabajo de los vehículos de alquiler con conductor “se regule”.

En toda España hay más de 63.600 licencias de taxi, mientras que las VTC superan las 16.000 licencias en nuestro país.

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