Lo único que Pedro Muñoz Seca decía que los republicanos no podrían robarle y que terminaron quitándole antes de fusilarlo en Paracuellos
El dramaturgo fue asesinado en Paracuellos el 28 de noviembre de 1936 por sus ideas monárquicas y católicas

Retrato del escritor y comediógrafo gaditano Pedro Muñoz Seca, creador del género teatral cómico denominado "astracán"
Madrid - Publicado el
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El año 1936 en España se puede dividir, en términos políticos, en dos momentos bien diferenciados: del 1 de enero al 17 de julio y del 18 de julio al 31 de diciembre. Aunque el estallido de la Guerra Civil actúa como punto de inflexión en ese año, ambos periodos tienen la violencia como nexo común.
La contienda es, para Europa, el prólogo a la II Guerra Mundial, es decir, un tubo de ensayos militar y un enfrentamiento entre dos modelos políticos; pero si se escarba un poco y, se analiza a los 'hunos' y a los 'hotros', se descubre que la envidia y el odio fueron quienes avivaron el fuego.
Los años treinta del siglo XX fueron la definición de la inquina y el fratricidio. Pero la Guerra Civil que destrozó nuestro país social, económica y materialmente fue la muy amarga consecuencia de la irresponsabilidad de unos líderes políticos que jugaron a enfrentar a familias y vecinos.

Combatientes republicanos protegidos tras una roca natural abren fuego de fusil sobre el enemigo durante la Guerra Civil
ESPAÑA, UNA BOMBA DE RELOJERÍA
Clara Campoamor describió el ambiente que se respiraba en España en aquellos años en una serie de escritos que, más tarde, se reunieron en La revolución española vista por una republicana (2020). En el libro, aunque se dice defensora del sistema republicano —que no de la Segunda República—, critica las barbaridades de ambos bandos: "En la guerra actual los españoles se despedazan unos a otros y todas las consideraciones de sangre, de fraternidad o de raza no hacen más que añadirse a la rabia, al furor del toque a degüello. Es una guerra de odio y de exterminio", asegura la liberal.
España era un polvorín a punto de estallar y la situación política era de auténtico vértigo. Ejemplo de ello es el enfrentamiento que se dice que tuvieron en sede parlamentaria el líder de la oposición, José Calvo Sotelo, y la hoy venerada e inexplicablemente añorada Dolores Ibárruri, conocida como "la Pasionaria", a la que, es curioso, nadie le quita las calles que tiene a su nombre.
Calvo Sotelo dijo entonces al presidente del Gobierno y ministro de la Guerra, Casares Quiroga, que tomaba nota de sus amenazas y declaraba que "es preferible morir con gloria a vivir con vilipendio". Es entonces cuando se dice que la Pasionaria tomó la palabra y amenazó de muerte a Calvo Sotelo: "Has hablado por última vez". Un mes después Calvo Sotelo fue sacado por la noche de su casa y el socialista Luis Cuenca Estevas le disparó dos tiros en la nuca. Su cadáver fue abandonado en el cementerio de La Almudena y su hallazgo precipitó el comienzo de la Guerra Civil.

El doctor Piga observa el cadáver de Calvo Sotelo en el cementerio del Este
MUÑOZ SECA, EL GENIO DEL TEATRO
Mucho antes de que se popularizaran términos como fascismo, checas y paseíllos, en plena época de la Restauración borbónica, en El Puerto de Santa María (Cádiz) nació un tal Pedro Muñoz Seca. Pese a que era abogado de carrera, Pedro siempre estuvo mucho más interesado en el mundo del espectáculo —en concreto, en el teatro— y a él dedicó su vida.
Autor de obras tan célebres como El verdugo de Sevilla (1916), La venganza de don Mendo (1918), Los extremeños se tocan (1926) o Anacleto se divorcia (1932), destacó por su crítica al Gobierno republicano, lo cual le granjeó no pocos enemigos. El gran Ramón María Valle-Inclán diría de él y de su obra lo siguiente: "Quítenle el humor; desúdenle de caricatura, arrebátenle su ingenio satírico y facilidad para la parodia, y seguirán ante un monumental autor de teatro".
Para el régimen segundorrepublicano, sin embargo, Muñoz Seca era un estorbo. Su crítica era un pecado, pero sus ideas monárquicas y católicas eran tenidas por peligrosas y vistas como un motivo para perseguirlo y menospreciarlo junto a sus comedias.

El comediógrafo gaditano Pedro Muñoz Seca, creador del género teatral cómico denominado "astracán", lee en su despacho
DOS PORTEROS Y UN OBISPO
Como cuenta en un artículo su nieto, Alfonso de Ussía Muñoz Seca, su carácter se puede resumir en una anécdota tan curiosa como atrevida y graciosa. Resulta que el dramaturgo se mudó a un piso de la calle de Salustiano Olózaga, frente a la Biblioteca Nacional, en Madrid para cumplir su sueño de poder dedicarse al teatro. "A los diez días murió la portera del inmueble, y cuatro días más tarde, el portero. Un matrimonio de ancianos —la jubilación como tal, no era efectiva en aquellos tiempos—, que formaron un matrimonio ejemplar", dice Ussía.
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La portería fue heredada por el hijo de los difuntos y, este, conociendo la maestría de gaditano, le pidió que escribiera un epitafio en verso para colocarlo en sus tumbas en el cementerio de La Almudena. Muñoz Seca así lo hizo y este fue el texto que entregó al nuevo portero: "Fue tan grande su bondad, / tal su laboriosidad / y la virtud de los dos, / que están con seguridad / en el Cielo, junto a Dios".
Esta elegía no fue del agrado del entonces obispo madrileño que arguyó "que no es usted nadie para asegurar que mis padres están en el Cielo, junto a Dios". La venganza de don Pedro vino en forma de un segundo epitafio en el que el protagonismo lo acaparó el prelado: "Fueron muy juntos los dos, / el uno del otro en pos / donde va siempre el que muere. / Pero... no están junto a Dios / porque el Obispo no quiere"
Era de esperar que el purpurado recibiera la nueva versión casi como una afrenta, pero Muñoz Seca vio en este segundo encargo una oportunidad de hacer comedia. Rechazados los textos anteriores, el dramaturgo presentó un tercero que rezaba así: "Flotando sus almas van / por el éter, débilmente / sin saber qué es lo que harán, / porque, desgraciadamente / ni Dios sabe dónde están".

Dos de las hijas de Pedro Muñoz Seca, junto al alcalde de El Puerto de Santa María ante el monumento en memoria del famoso autor teatral
DETENCIÓN Y SENTENCIA
El 18 de julio de 1936, Pedro Muñoz Seca estrenó en Barcelona su última obra: La Tonta del Rizo. Dos días más tarde, el dramaturgo fue detenido junto a su mujer en la plaza de Cataluña y llevado a la cárcel-checa de San Antón.
Allí, en palabras de Ussía, "organiza Ejercicios Espirituales, tertulias y escribe pequeñas obritas. Escribe a su mujer 34 postales y 7 cartas. Le pide, ante todo, ropa de abrigo y medicinas para su úlcera de estómago. En una de ellas le ruega que le mande una bigotera. La característica física de don Pedro era la de sus enormes bigotes con las puntas alzadas, a lo D’Artagnan: 'Tengo los bigotes tan caídos que se me han metido en la sopa del rancho'".
El 27 de noviembre, tras una farsa de juicio, comprendió que su vida iba a llegar a su fin y escribió una ultima carta a su mujer, Asunción: "Siento proporcionarte el disgusto de esta separación, pero si todos debemos sufrir por la salvación de España, y ésta es la parte que me ha correspondido, benditos sean estos sufrimientos. Te escribo muy deprisa porque me ha cogido la noticia un poco de sorpresa. Adiós, vida mía. Muchos besos a los niños, cariños para todos, y para ti, que siempre fuiste mi felicidad, todo el cariño de tu Pedro".

Caricatura de Pedro Muñoz Seca
SU BIEN MÁS PRECIADO
El 28 de noviembre fue conducido a Paracuellos del Jarama junto a un centenar de compañeros presos, entre ellos un sacerdote agustino, don Tomás Ruiz del Rey, con quien se había confesado la noche anterior. Su nieto asegura que "cuando fue llamado, salió sonriente, tranquilo, con inmensa tristeza en sus ojos. Se abalanzaron sobre él y le quitaron un abrigo que llevaba plegado en el brazo. Le quitaron la cartera y el reloj. Ataron sus manos a la espalda con un hilo de bramante. Un miliciano, algo más humano, le quitó la cadena con la medalla de la Virgen de los Milagros, patrona del Puerto de Santa María, y con un movimiento rápido se la metió en el bolsillo derecho de la chaqueta. Para humillar su figura, le cortaron los bigotes".
Es en este momento cuando parece que se produce la gran anécdota, que ilustra a la perfección cómo era el dramaturgo. Al ser encarcelado, Muñoz Seca dijo a los milicianos republicanos: "Podéis quitarme mi hacienda, mi patria, mi fortuna e incluso mi vida. Pero hay una cosa que no podéis quitarme: ¡el miedo que tengo ahora mismo!"
Frente a la muerte, sin embargo, aseguró una cosa muy distinta: "Me equivoqué al ingresar en la prisión de Madrid y deciros lo que os dije; sois tan hábiles que me habéis quitado hasta el miedo". El dramaturgo fue fusilado, aunque hubo que rematarlo con el tiro de gracia porque solo había quedado malherido con el primer disparo. Murió haciendo, como durante toda su vida, de la comedia su mayor tesoro. Se dice que quien lo enterró tras el fusilamiento dejó escrito que "ahí va el último actor de la escena; hasta al morir, con la sonrisa en los labios".




