"Si hubiera un ranking de los hombres que han tenido más poder a lo largo de la historia, este rey de España estaría desde luego entre los cinco primeros"
El historiador José Luis Corral desvela las claves del inmenso poder de Carlos I de España y V de Alemania, un monarca que dominó el mundo en el siglo XVI

El historiador José Luis Corral descubre la figura de Carlos I de España
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El programa Poniendo las Calles de la Cadena COPE, con Bea Calderón, ha profundizado en la figura de Carlos I de España y V de Alemania de la mano del historiador José Luis Corral. El catedrático de Historia Medieval, que ha abordado en el programa temas tan variados como el ADN de los españoles, desgrana la trayectoria de uno de los monarcas más determinantes de la historia.
La compra de un imperio
La llegada al trono imperial no fue una simple herencia. Carlos ya era rey de los reinos hispánicos desde 1517, pero la muerte de su abuelo paterno, el emperador Maximiliano de Austria, abrió la puerta a una nueva dimensión de poder. Como explica Corral, el Sacro Imperio Romano Germánico era teóricamente electivo, aunque la Casa de Austria mantenía un control oficioso. "El Imperio Alemán era electivo, aunque estaba prácticamente en el seno de la casa de Austria", señala el historiador.
En la Dieta imperial de 1519 se decidió el futuro de Europa. Carlos se enfrentó a candidatos de la talla de Francisco I de Francia y Enrique VIII de Inglaterra. Su victoria no se basó solo en derechos dinásticos, sino en el poder del dinero. "Con ese dinero de la casa de Austria, él consiguió hoy día sobornar, comprar los electores", afirma Corral. La cifra ascendió a 900.000 ducados de oro, prestados por banqueros alemanes, que aseguraron el voto de los siete grandes electores.
El Imperio Alemán era electivo, aunque estaba prácticamente en el seno de la casa de Austria"

Francisco Pizarro con el emperador del Sacro Imperio Romano Germánico Carlos V (Carlos I de España)
Con ese dinero de la casa de Austria, él consiguió hoy día sobornar, comprar los electores"
Un poder comparable al de Alejandro Magno
La unión del Imperio Alemán a los vastos territorios que ya poseía en España, América e Italia convirtió a Carlos en el hombre más poderoso de su tiempo. El propio José Luis Corral lo sitúa en el panteón de los grandes líderes de todos los tiempos: "Si hubiera que hacer un ranking de los hombres que han tenido más poder a lo largo de la historia, este rey de España estaría desde luego entre los cinco primeros". El historiador lo compara con figuras como Alejandro Magno, César Augusto o Gengis Kan, calificando su dominio como "uno de los grandes imperios de la historia de la humanidad".
Sus dominios se extendían por Europa central, los Países Bajos, la península ibérica y un continente americano en plena expansión. Sin embargo, este conglomerado de reinos y señoríos carecía de unidad política o cultural. Como apunta Corral, lo único que tenían en común era la figura del monarca. "Un castellano era extranjero en Aragón", recuerda el experto para ilustrar la diversidad de leyes, monedas y estatus que convivían bajo un mismo cetro.

La batalla de Villalar, librada en 1521 durante la Revuelta Comunera, fue un conflicto decisivo entre los comuneros rebeldes y las fuerzas reales del rey Carlos I de España. La victoria de las fuerzas reales marcó el fin del levantamiento.
Un final marcado por la enfermedad
El reinado de Carlos V estuvo plagado de conflictos, con guerras constantes contra Francia, en las que Italia fue un campo de batalla tradicional, y problemas con los protestantes en Alemania. Pero su mayor enemigo fue su propia salud. A partir de los 40 años, comenzó a sufrir graves problemas físicos, especialmente gota, causada por "su excesivo consumo de carne y de cerveza". Estos "dolores insoportables", que contrastan con la imagen del poderoso emperador y recuerdan a otros monarcas desdichados de la historia de España, le llevaron a abdicar en Bruselas en 1556.
Consciente de que su malestar físico le impedía gobernar, se retiró al tranquilo monasterio de Yuste, en Extremadura, donde pasó sus dos últimos años. Al abdicar, dividió su imperio en dos: por un lado, entregó a su hijo Felipe II los territorios hispánicos, americanos, italianos y los Países Bajos. Por otro, cumplió la promesa que le había hecho a su hermano pequeño, Fernando, y le cedió el Imperio Alemán, separando para siempre las dos ramas de la Casa de Austria.
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