Por qué los primeros meses tras un trauma son clave para no "quedarse enganchado" al miedo
Los expertos insisten en la necesidad de tratar a tiempo las secuelas emocionales para prevenir problemas mayores

Por qué los primeros meses tras un trauma son clave para no 'quedarse enganchado' al miedo
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Dos meses después de la tragedia ferroviaria de Adamuz, muchas de las personas afectadas han comenzado un proceso de recuperación con pequeños pero importantes avances. Los expertos recuerdan que identificar y tratar a tiempo posibles secuelas, como el estrés postraumático, es clave. Según la psicóloga especializada en emergencias y catástrofes, Mónica Pereira, tras un primer mes de "duelo", se debería empezar a notar "una vuelta, despacio y a su ritmo, a la vida normal". Sin embargo, advierte de la importancia de actuar si esto no ocurre.
Por qué los primeros meses son decisivos
Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), 4 de cada 10 pacientes que sufren estrés postraumático logran recuperarse en el primer año; siendo los primeros meses donde se produce gran parte de la mejora. Pereira subraya que este período inicial es fundamental: "Cuando vivimos situaciones muy complicadas, sobre todo al principio, las reacciones son tan intensas, que si, no tienes una visión normalizada, puedes acabar desarrollando un cambio en tu forma de ver el mundo', explica.
Si tras un año no ha habido mejora o intervención, "es muy probable que te quedes enganchado en esta nueva forma de ver el mundo". De ahí la importancia de las primeras intervenciones para "no engancharse a los miedos" o "a la percepción de peligro constante".
Las consecuencias de no tratar el trauma
No abordar a tiempo el estrés postraumático provoca que los síntomas vayan "en aumento cada vez más". La psicóloga advierte de que la mente necesita "más estrategias para huir de la percepción de peligro", lo que puede llevar a una espiral de pesadillas, dificultades para dormir, ansiedad y desconfianza. En los casos más graves, esto puede hacer "imposible tener una vida normalizada", y es que hasta el 80% de personas con este trastorno pueden desarrollar otro trastorno mental, y un 50% pueden presentar adicciones.
Creer que los síntomas desaparecerán solos es un error frecuente: "Hay muchas personas que al principio piensan eso, pero, cuando van pasando los meses y ven que la cosa no mejora, piden ayuda", señala Pereira. La experta indica que esta idea es más común en personas que ya tenían dificultades previas, como miedos o desconfianza.
Señales de alerta y buena evolución
La principal señal de alerta es cualquier síntoma que nos impida "desarrollar nuestra vida de una manera normal". Esto se manifiesta en no poder dormir, tener reexperimentaciones del suceso, coger bajas médicas, aislarse de amigos y familia o encerrarte en uno mismo.
Por el contrario, la buena evolución se manifiesta cuando los síntomas se reducen: "Cuando veo que soy capaz de reducir la sintomatología con mi propia estrategia, significa que vamos bien", afirma la psicóloga. Salir fortalecido de una experiencia así es posible, ya que se aprende a "dar valor a cosas que antes no se lo dabas" y a manejar situaciones difíciles con mayor facilidad, lo que mejora la autoestima y la habilidad de manejo.
Cómo puede ayudar el entorno
El papel de familiares y amigos es fundamental. Es importante "estar ahí" y validar las emociones de la persona afectada. La psicóloga también recomienda funcionar como "modelo" ante un desbordamiento emocional, por ejemplo, ayudando con la respiración para reducir el malestar.
En estos casos, si la persona sufre una crisis de ansiedad, una técnica efectiva es servir de ejemplo para gestionar la respiración. Algo que, según la experta, "hace que la otra persona, al copiarlo, reduzca el número de palpitaciones y pierda la sensación de peligro".
Este contenido ha sido creado por el equipo editorial con la asistencia de herramientas de IA.



