Abuelos en el confinamiento: una soledad superada por las videollamadas

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Pilar Abad Queipo

Publicado el - Actualizado

3 min lectura

Si padres y niños pasaron días complicados durante el tiempo que tuvimos que estar encerrados en casa, debemos recordar cómo pasaron esos días los abuelos. Algunos en residencias, otros juntos en casa y otros en soledad sin poder tener contacto con sus nietos con el único consuelo de poder verlos a través de la pantalla del móvil.

Por eso, en este aniversario del confinamiento por la covid-19 no podíamos olvidarnos de quienes día a día superaron todos los obstáculos y fueron capaces de adaptarse, no solo a la nueva situación que teníamos que vivir, sino a los nuevos tiempos y convertirse en los abuelos 3.0, los abuelos digitales.

Pilar tiene un nieto, Sergio, de 8 años. Su primer y único nieto al que durante el confinamiento “echaba mucho en falta verlo”. La suerte de Pilar es que vive cerca de Sergio, “enfrente, así que salíamos a las terrazas y nos saludábamos”, recuerda emocionada esta abuela.

A pesar de echar de menos a su nieto, no fueron días fáciles para Pilar que con nostalgia nos cuenta que “hubo momentos en los que lo pasamos mejor y otros peor, y también eché de menos a mis amigas, salir a desayunar con ellas, a pasear…”. Y nos dice que la lectura “me ha salvado mucho de mi soledad”.

Asun, “la yaya”, tiene tres nietos, dos niñas y un niño (el pequeño). Ahora que echa la vista atrás, cuando se cumplen 365 días del confinamiento comenta “ha pasado un larguísimo año desde que empezó este fatídica pandemia, nuestra vida ha cambiado mucho”. Son las primeras palabras de una abuela, como tantas otras, que ha vivido en una cierta soledad junto a su marido en la que les ha faltado lo más importante en sus vidas: sus nietos.

Para Asun, sin duda alguna, “lo peor ha sido no poder abrazar, besar o achuchar a nuestros nietos” y señala que muchos de nuestros mayores “han cogido depresiones por la situación que hemos vivido”.

Recalca esta yaya que “ha sido un año muy difícil para todos, no solo para los mayores” y desea “que pase pronto”.

Hortensia vive sola en Granda y es abuela de cuatro nietos que viven fuera y eso era lo peor “el distanciamiento y la falta de movilidad, sin que nadie pudiera visitarte ni tú tampoco” Y es que para esta abuela el vivir lejos de sus hijos y nietos marcó sin duda un confinamiento que sobrellevó “con las videollamadas con los pequeños y también con los amigos”.

Si difícil era la lejanía con los suyos, también lo era el vivir esos días en soledad, por eso Hortensia siempre recordará “los aplausos de la tarde a todos los profesionales que se jugaban la vida por ayudarnos y que también era un aliciente para salir a la ventana y a ver a la gente que se asomaba y aplaudía”.

Isi tiene cinco nietos, tres de ellos viven en Noruega desde hace tiempo, los otros dos, en Madrid como ella. Aunque pertenece a esos “abuelos digitales” por la distancia con algunos de sus nietos, su primer recuerdo del momento en el que nos confinaron es “tristeza porque tendríamos que estar sin poder ir a visitar a nuestros nietos o que ellos vinieran a vernos”.

Así que desde ese primer instante, entre los nietos y los abuelos “hacíamos videollamadas cada día, el pequeño me mandaba vídeos con lo que había hecho a lo largo del día” y también “hacíamos retos”, nos cuenta Isi. Esta familia decidió contarse cada día “lo que habíamos hecho, nos contaban cómo les habían ido las clases por el ordenador, qué tal la experiencia…”, reconoce esta abuela.

Sin embargo, para Isi esto no era ninguna novedad, nos referimos al tema de las videollamadas con sus nietos porque como ella misma no dice “esto ya lo llevo haciendo tiempo con otros nietos que tengo en Noruega y que nos vamos contando cosas a través de mensajes y demás”.

Visto en ABC

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