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DEFENSA PERROS (Crónica)

El entrenamiento canino más largo: detectar explosivos a distancia

Los perros que detectan los llamados IED, artefactos explosivos improvisados, rastrean hasta 200 metros alejados de sus guías, que les van orientando a distancia, mediante sonidos, a buscar. Es el entrenamiento canino más difícil y lleva no menos de nueve meses de adiestramiento.,Esta es una de las especialidades del Centro Canino de la Defensa, ubicado en un cuartel del barrio madrileño de Carabanchel y que acoge de forma permanente a 27 instructores y u

Agencia EFE

Tiempo de lectura: 3'Actualizado 16:57

María Traspaderne

Los perros que detectan los llamados IED, artefactos explosivos improvisados, rastrean hasta 200 metros alejados de sus guías, que les van orientando a distancia, mediante sonidos, a buscar. Es el entrenamiento canino más difícil y lleva no menos de nueve meses de adiestramiento.

Esta es una de las especialidades del Centro Canino de la Defensa, ubicado en un cuartel del barrio madrileño de Carabanchel y que acoge de forma permanente a 27 instructores y unos 70 perros, encargados de enseñar a animales del Ejército, de la policía y de los bomberos a "combatir", así como a encontrar a personas, explosivos y drogas.

De las cinco especialidades del centro -seguridad, combate e intervención (perros de ataque), búsqueda y rescate de personas vivas y muertas, explosivos, IED y detección de drogas-, los que rastrean estos artefactos, muy usados en países como Afganistán, son los más difíciles de formar.

Se dedican, entre otras cosas, a abrir camino antes del paso de los convoyes militares, olisqueando rutas en busca de algún explosivo enterrado, así como a inspeccionar vehículos y personas sospechosas. Y eso lo tienen que hacer, por seguridad, guardando las distancias, lejos de su guía, lo que dificulta mucho la formación.

"Son perros que trabajan a distancia, con muchísima independencia, prácticamente ellos solos saben lo que tienen que hacer y eso nos cuesta mucho enseñárselo", explica el subteniente José Antonio González Ballesteros, jefe de adiestramiento del centro.

Al perro, añade, se le sigue con un dron provisto de una cámara, para poder monitorizarlo a cada momento cuando, por la distancia o por obstáculos naturales o artificiales, no se le puede ver a simple vista.

El guía, por su parte, solo puede orientarle con lo que llaman un "clicker", un pulsador que emite un sonido que el perro, gracias a su potente oído, puede escuchar a centenares de metros.

Gracias a uno de estos perros, Fito, un pastor malinoise, en 2012 se evitó una tragedia. Detectó una mina en un camino en Afganistán y por ello le concedieron el premio Mascota Solidaria del Colegio de Veterinarios de Madrid.

Aparte de conocer a Fito, este lunes la ministra de Defensa, Margarita Robles, ha sido testigo de cómo Cross, uno de los perros militares especialista en IED, hacía su trabajo.

En una pista deportiva del centro, un coche está parado a medio centenar de metros de un puesto militar, de donde sale este perro mediano tipo bretón. Corre hasta llegar al coche mientras un hombre espera junto al vehículo, de rodillas, con las manos en alto y al lado de una mochila.

Cross olisquea el coche por delante y por detrás, por dentro y por fuera, se dirige a la mochila y sigue oliendo. Finalmente, al llegar al hombre, se sienta delante. Lleva un cinturón de explosivos.

Algo que parece tan sencillo es en realidad muy complicado, y lleva nueve meses de formación, casi el doble de los cinco que se tarda en entrenar a un perro de ataque, de búsqueda de personas o de droga.

Además de esa dificultad, ser perro de IED conlleva sus riesgos, al estar en contacto con artefactos que pueden explosionar. Para atenderlos en estas y otras circunstancias, especialmente en lugares recónditos en misiones internacionales, donde la ayuda veterinaria se hace esperar, el Centro Canino de la Defensa ha puesto en marcha un curso pionero.

Se trata de formar a los guías militares en nociones médicas, para cubrir lo que el jefe de adiestramiento del centro llama un "espacio muerto", el del tiempo que pasa entre que un perro recibe una bala o sufre una detonación, por ejemplo, hasta que le puede tratar un veterinario, que en el caso de misiones en el extranjero puede ser de horas.

Para ello, el centro ha creado este curso de seis semanas, que ya se aplica en pruebas para militares de perros IED y de operaciones especiales, pionero en España y puede que, según el subteniente, en el mundo.

"La idea es conseguir que los guías, en las situaciones que, por las circunstancias de trabajo o por la misión, sus perros estén accidentados, por un disparo, por una explosión o lo que sea, sean capaces de mantenerlo estabilizado hasta que los asista un veterinario", resume.

En 2022 se pasará de la fase de prueba del curso a la de implementación, con el objetivo de que en un futuro todos los guías tengan estos conocimientos y viajen con un botiquín para ponerlos en práctica, prestando así la mejor atención a los militares caninos.

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