Madrid - Publicado el - Actualizado
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El debate sobre los presupuestos ha sido el escenario elegido por la CUP para romper su acuerdo con Junts Pel Sí que ofrecía una precaria estabilidad al Gobierno de la Generalitat. Las consecuenicas inmediatas de esta ruptura son principalmente dos: el futuro incierto de la coalición gobernante, y por tanto del proceso soberanista tal y como está diseñado ahora, y la posibilidad de unas nuevas elecciones. Supuesto que en público se niega, pero que se aclarará en una moción de confianza el próximo mes de septiembre. Cataluña vivirá con una prórroga presupuestaria que impide el aumento del gasto o la redistribución de las partidas en función de las necesidades de gobierno. Un momento presupuestario en el que se agudiza la intervención de las arcas del Estado para solventar los problemas reales de la economía. Tal como ha señalado el Presidente de la Generalitat, Carles Puigdemont, la ruptura con los antisistema supone que quienes han sido su apoyo, ahora lo retiran. Se trata de un punto de “inflexión” en el que se pone en juego la estabilidad política y social de una Comunidad Autónoma que desde el punto de vista de la economía está en un momento crítico, y desde un punto de vista social padece el resurgimiento de la violencia callejera. Otra consecuencia será la parálisis legislativa. Cataluña lleva once meses sin aprobar una ley, una situación que refleja el absurdo en que el soberanismo ha introducido a una Comunidad otrora dinámica y creativa.



