Línea Editorial: Por qué son tan difíciles los pactos de Estado hoy en España

 

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El primer y cordial cara a cara en la Moncloa entre Pedro Sánchez y el nuevo presidente del PP no se ha traducido en pactos de Estado, pero sí ha escenificado serias contradicciones. Una primera imagen muestra la culminación del relevo generacional en la política española, continuando la tradición de liderazgos jóvenes en la España del 78, reflejo de algunos complejos y ansias por ponernos al día con otras democracias europeas. Las atenciones de Sánchez a Pablo Casado revelan además una contraofensiva del bipartidismo por recuperar terreno, un hecho aún no recogido por la última y cuestionada encuesta del CIS, realizada antes de las primarias populares. Pero todo eso se da de bruces con la realidad de un presidente con 84 diputados que recibe a un líder de la oposición que prácticamente le dobla en escaños. En un sistema parlamentario no siempre gobierna la lista más votada. La verdadera anomalía es que se gobierne un gran país europeo con los votos de formaciones nacionalistas que pretenden destruirlo. Esa contradicción obliga a los socialistas a romper el consenso constitucionalista que sí practicó el gobierno de Mariano Rajoy y aleja la posibilidad de grandes acuerdos en temas que jamás serían objeto de confrontación partidista en otras democracias europeas en las que nos gusta mirarnos. Por desgracia, el relevo generacional no garantiza el sentido de Estado.

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