La violencia yihadista sigue sembrando terror e incertidumbre. Sus métodos, no siempre sofisticados, hacen vulnerable cualquier capital del mundo. El último atentado en el centro de Estambul, que se ha saldado con la muerte de diez turistas, ha atacado el corazón de uno de los sectores claves para la economía turca, el turismo, como respuesta a la implicación de Turquía en la coalición Internacional que lucha contra los yihadistas en la vecina Siria. Lta masacre se ha producido en el corazón de un país clave en la batalla contra el Estado Islámico, pero también incluye un mensaje amedrentamiento a Alemania y al conjunto de Europa, no en vano nueve de los fallecidos son turistas alemanes. El Presidente Erdogan debe abandonar la ambigüedad que en algunos momentos ha mostrado ante el avance del Daesh, en función de sus intereses en la zona y de su lucha interna contra los kurdos. Es la hora de la claridad y de abandonar el doble juego: Ankara debe intensificar el apoyo a la coalición internacional que lucha contra la que es la principal amenaza que sufre la humanidad. Esa respuesta facilitaría, además, el incremento de los niveles de seguridad en todo el planeta.
"Estamos viendo a un pueblo iraní dispuesto a jugarse la vida para que esta vez sí por fin haya un cambio en su país"
Pilar G. Muñiz
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