Ana Orantes, la víctima que puso rostro al maltrato hace 22 años

Su marido la quemó viva tras contar en televisión los malos tratos que sufría

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Laura Otón
@lauramoton

Redactora de informativos

Tiempo de lectura: 2'Actualizado 10:56

La familia de Ana Orantes, a quien su exmarido quemó viva en 1997 en un asesinato que fue el detonante para la reforma del Código Penal en materia de violencia machista, la ha recordado hoy con una misa celebrada en Granada al cumplirse veinte años de su trágica muerte, y ha pedido "leyes más justas".

Antes de acceder a la misa, celebrada en la basílica de las Angustias, su hija Rosario ha declarado a los periodistas que Ana Orantes "no se va a olvidar en la vida" pese a que "su asesino quería que no se supiera nada de ella", y que su recuerdo siempre permanecerá por lo que sufrió y porque "fue la única mujer que tuvo agallas de ir a una televisión y decir lo que le pasaba".

Ana Orantes se atrevió a contar hace 22 años las agresiones que sufría por parte de su marido en Canal Sur, en un momento en que las mujeres no alzaban su voz para denunciar los malos tratos que sufrían en silencio dentro de sus casas, y le costó la vida 13 días después, pero su testimonio tuvo un impacto decisivo.

"Llegué casa y dije ya estoy aquí; me dio una bofetada, como la que le dieron al Señor, no supe por dónde había venido aquello, di un chillido porque creí que me había roto la cara. Se levantó mi hijo y le preguntó por qué me había pegado y le dio una guantada, porque dijo que yo no valía un duro, así durante 40 años". De esta forma comenzó a relatar delante la cámara de la televisión andaluza esta madre valiente de once hijos su infierno... y el de sus hijos.

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Ana Orantes explicó en 1997 que su marido le dijo en varias ocasiones que "ya no iba a haber más palizas". "Yo lo creía porque tenía once hijos y no tenía dónde ir, no podía irme con mis padres, ni con nadie y tenía que aguantar que me diera paliza sobre paliza; me ha pegado y me ha dolido, pero me duele más lo que ha hecho con mis hijos".

"Llegué un día a casa con mi niño enfermo y me encuentro a los otros niños sentados en círculo y él en medio. Me pregunta de dónde venía y le dije que del médico, tira al niño contra el sillón, empieza pisar los medicamentos, y me dio una paliza para matarme", relató.

"No le he querido nunca, le tenía pánico, miedo y sentía horror pensar que eran las diez de la noche y no había venido; me tenías temblando como una chica", confesó Ana Orantes, quien entre sollozos lamentó que no había podido ir ni a la boda de su hijo. "Mis hijos lloraban, mis hijos son todos modelos".

Tras pronunciar estas palabras, su ex marido, que seguía viviendo en el domicilio familiar por decisión judicial, la quemó viva.

Otro millar de mujeres han sido asesinadas dos décadas después por violencia machista, pero este testimonio removió la conciencia social y política en torno a una cuestión que hasta esa fecha estaba ceñida a las páginas de sucesos.

Un año después, el Gobierno del Partido Popular aprobó el I Plan de Acción contra la Violencia Doméstica que incluía una serie de medidas, como la prohibición de aproximación a la víctima. En 2005, arrancó la Ley Integral, impulsada por el ejecutivo socialista, y antes de que acabe el año debería ponerse en marcha el pacto de Estado de Violencia de Género.

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