Félix Arteaga, investigador del Elcano: “España gasta menos que otros en la OTAN, pero mejor”

“Estados Unidos quiere que Europa mantenga su dependencia tecnológica” de la industria de defensa norteamericana

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Manuel Ángel Gómez
@manuiza64

Jefe de Internacional de COPE

Tiempo de lectura: 2'Actualizado 08:35

“Que España gaste menos (en defensa) no quiere decir que no gaste bien”, dice Félix Arteaga, investigador principal del Real Instituto Elcano. “Por el contrario, España aporta a la OTAN unas capacidades de proyección de fuerza muy superiores a las de la mayoría de los países que pasan el examen”, añade. Aprueban -teóricamente- el examen aquellas naciones que invierten al menos el 2 por ciento de su Producto Interior Bruto en gastos militares, objetivo fijado en la cumbre de Cardiff. España es el segundo socio de la Alianza Atlántica que menos porcentaje de su PIB va a gastar en defensa en 2019, según los cálculos hechos públicos por la organización militar. Sólo siete de los 29 aliados cumplen el objetivo establecido: Estados Unidos, Reino Unido, Polonia, Rumanía, Letonia, Grecia y Estonia.

A juicio de Arteaga, la OTAN “más que preocuparse por el input económico -o del 2 por ciento- lo que debía es preocuparse por el output, en qué se gasta”. Argumenta que España “es de los pocos países que facilita a la Alianza una proyección marítima, una proyección de fuerza, y tiene presencia en misiones no sólo con personal sino también con equipos de proyección estratégica”, mientras que otras naciones “que cumplen con el objetivo del 2 por ciento no pueden hacer esa aportación”. Además -señala- “la contabilidad de la OTAN penaliza la contribución española porque las partidas de otros países incluyen capítulos de gasto que nuestro país no contempla, relacionados con pensiones, con fuerzas militares, y eso reduce nuestra cifra final”.

El investigador del Elcano asegura que desde Washington “les dicen a los europeos que hagan un mayor esfuerzo, pero -por otro lado- lo que les piden es que lo hagan en la dirección que ellos orientan”; es decir, quieren “que los europeos inviertan más en defensa, pero en productos de defensa de Estados Unidos, y que limiten en lo posible su autonomía estratégica”. De esta forma, “la intención es que compren más productos norteamericanos -porque les abarataría la producción y obtendrían ingresos-, y que mantengan su dependencia tecnológica” de la industria norteamericana. Explica Félix Arteaga que “en el fondo es una lucha por desplazar de la competencia tecnológica a los europeos, porque si no tienen una industria y una tecnología de defensa capaz de desarrollar ciertos equipos, siempre van a depender de terceros”.

Asegura que “éste es un tira y afloja que ha existido toda la vida en la OTAN, y no es algo que vaya a acabar con ella”. Sin embargo, advierte de que el problema es otro: el distanciamiento de las sociedades, los valores y los políticos de ambos lados del Atlántico.

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