LITERATURA PREMIOS

Pascal Quignard cree que hay más peligro en la repetición de las crueldades que en la IA

El autor francés Pascal Quignard no cree que la inteligencia artificial pueda cambiar el mundo porque "el caos va a persistir siempre" y está convencido de que "hay más peligro en la repetición lamentable de las crueldades y las guerras".

Agencia EFE

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El autor francés Pascal Quignard no cree que la inteligencia artificial pueda cambiar el mundo porque "el caos va a persistir siempre" y está convencido de que "hay más peligro en la repetición lamentable de las crueldades y las guerras".

Convertido en un autor de culto, palabra que afirma que no entiende, Quignard recibe esta noche en el municipio de Canfranc Estación, puerta de entrada a los Pirineos aragoneses, el Premio Formentor de las letras 2023, un galardón que no es "una competición" sino "un elogio al escritor, al conjunto de su obra y la recomendación pública, como ha afirmado este viernes el presidente de la Fundación Formentor, Basilio Baltasar. "No dejen de leerlo", ha recomendado.

Con motivo de este premio, Quignard ha dedicado la mañana a ofrecer entrevistas largas y reposadas, porque además de que solo habla francés y necesita traducción, reflexiona muy bien qué contestar a cada pregunta.

Para Quignard, los premios son "recompensas" que no se quieren tener que se dan "como un lujo adicional" porque, como asegura, no escribe para ganar dinero sino que lo necesita "para vivir".

Le sirven dos horas cada mañana para "recapitular y reflexionar" lo que está viviendo y, a partir de ahí, dedicarse a los amigos, la música y la soledad, lo que califica como "una vida fantástica", y por eso recibe los galardones "con un sentimiento maravillado" porque no hace "nada" para recibirlos.

Incide mucho en la soledad y aprender a leer de forma precoz fue un "punto positivo, una especie de escondite" que le permitió separarse de su familia. Dice que es mejor escribir en silencio porque el "diálogo y la comunicación son complicados", una lección aprendida del primer libro que leyó, "Memorias de un asno".

Para Quignard es antes la lectura, una actividad "muy pasiva", como dice que es él, que le permite ensimismarse en algo que no sabe qué va a ocurrir, que puede ser traumático o positivo, "una experiencia más profunda que la escritura, que no es voluntaria" y que "amplifica el mundo".

No obstante, advierte de que cada arte -también es músico- "no sirve para todos". "La lectura no está hecha para todo el mundo, hay adolescentes que no soportan enfrentarse a escenas crueles, de la misma forma que hay niños que no les gusta la música, hay que respetar".

Pero para él, con signos de síndrome de espectro autista en la infancia y adolescencia, la lectura fue "una forma" de quedarse consigo mismo, y por eso entiende "el sufrimiento de los niños autistas" y su negativa a utilizar el lenguaje: "les parece que es una trampa, ven la sociedad como algo peligroso y es cierto", sentencia, mientras que la escritura fue una necesidad para "escribir esos libros que no encontraba en la biblioteca" y traducir otros de latín y griego.

Salvo el francés reconoce que no habla ninguna lengua viva pero le han apasionado todas las lenguas muertas como una manera de saltarse la etapa de sus padres, que asegura que no le querían mucho, hasta la de los abuelos y los bisabuelos para llegar "al idioma anterior (al francés), al griego primero, latín e incluso al sánscrito".

Preguntado por si se siente un escritor barroco, se reafirma en el "sí" pero porque, resalta, no acepta "los géneros preexistentes". "No somos regulares respecto a las reglas y las normas, no soy ni poeta ni filósofo, no soy un novelista fácil, no soy psicoanalista, todo me interesa", abunda.

A sus 75 años, Pascal Quignard asegura que con el paso del tiempo su propia experiencia de la vida se intensifica, y es por lo que lamenta las muertes prematuras de adolescentes como la de su hermano pequeño porque "no han conocido toda la felicidad". "Hay que vivir mucho tiempo", sentencia.

Cuando se le pregunta si le molesta la catalogación de escritor de culto, reconoce que no ve "dónde está el culto religioso en esta catalogación" pero admite que es una "persona letrada, erudita".

También justifica que no le guste el Quijote: "hay una mitad del arte que no entiendo, todo lo que es irónico, caricaturesco" y porque su autor, Miguel de Cervantes, se "burló mucho" de Chrétien de Troyes, un poeta al que admira "muchísimo".

"No me gusta -dice- la burla, soy un escritor grave, serio", de hecho viste de forma austera, con camiseta y pantalón negro, y tampoco "la profanación. No entiendo a los escritores que tienen por meta profanar a Dios", afirma.

Originario de una familia de organistas a lo largo de tres siglos, le lleva un rato reflexionar acerca de la influencia de la música en su obra. "Sí, diría que sí", confiesa al fin, y rememora las emociones que le transmitía cuando accedía a la tribuna del órgano durante la misa y desde allí observaba la conexión entre el organista y el sacerdote.

Quinard asegura asimismo que no cree en el progreso y pone como ejemplo el laud, un instrumento que considera "sublime" y con el que "se podían conseguir cosas maravillosas", que abandonó por motivos religiosos. Luego apareció la viola y durante la Revolución Francesa se "paró de repente" porque "se veía como un instrumento aristocrático", y luego el piano, que tuvo un "auge magnífico" con Gabriel Fauré, y por tanto piensa que "no hay progreso porque abandonamos cosas maravillosas, no avanzamos".

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