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La Junta de Valladolid: el debate en el que España se cuestionó su derecho a conquistar América

La comisión de expertos convocada por Carlos I constituye un precedente remoto de los Derechos Humanos

La Junta de Valladolid: el debate en el que España se cuestionó su derecho a conquistar América

'Desembarco de Colón', cuadro de Dióscoro Pueblo expuesto en el Museo del Prado.

Jaime Cervera

Redactor

Tiempo de lectura: 3'Actualizado 19 feb 2020

Es una verdad evidente que el descubrimiento de América en 1492 fue para la Monarquía Hispánica como si le hubiese tocado la lotería. Un nuevo mundo de posibilidades se abría al alcance de los Reyes Católicos y sus sucesores, así como de aquellos que se aventurasen a llevar sus navíos y sus tripulaciones a aquella recién hallada terra incognita.

Pero la gestión de la conquista y colonización de América no fue siempre fácil. Durante los primeros años desde la llegada al nuevo continente, fueron muchos los que se hicieron a la mar rumbo a las Indias; algunos desembarcaron con intenciones loables, como la expansión de la fe católica, pero enseguida se vio necesario que las autoridades debían ejercer un control sobre aquellos que estaban dispuestos a enriquecerse a cualquier precio.

En este sentido, uno de los grandes hitos de la organización de la conquista fue la llamada Controversia o Junta de Valladolid. El emperador Carlos V detuvo el proceso de colonización para que un comité de expertos juzgase la legitimidad de lo que los españoles estaban haciendo en América. El debate tuvo lugar en el Colegio de San Gregorio de la capital vallisoletana entre 1550 y 1551.

La Junta de Valladolid: el debate en el que España se cuestionó su derecho a conquistar América

Fray Bartolomé de las Casas, uno de los grandes protagonistas de la Junta.

Dos visiones enfrentadas sobre los indios

La disputa enfrentó a dos grandes posturas. La primera de ellas estaba liderada por el jurista y filósofo Juan Ginés de Sepúlveda y defendía que los indios eran inferiores a los españoles tal y “como los niños a los adultos”. También sostenía que los nativos americanos estaban obligados a recibir el dominio de sus conquistadores para ser civilizados y que, en caso de negarse, podrían “ser compelidos por las armas” a aceptarlo. Es de justicia aclarar que Ginés de Sepúlveda, en contra de lo que algunos dicen, sí consideraba a los indios personas con alma. En este sentido, seguía lo dictado por el Papa Paulo III en su encíclica ‘Sublimis Deus’ (1537).

Pero los rivales de Ginés de Sepúlveda iban mucho más allá, liderados por el fraile dominico y teólogo Bartolomé de las Casas. Él fue el principal exponente de la postura que abogaba por la igualdad entre indios y españoles, junto a Domingo de Soto, Melchor Cano y Francisco de Vitoria (aunque este último falleció cuatro años antes de la Junta, su aportación fue fundamental).

Las tesis de De las Casas pueden resumirse en su rechazo a la idea de que los españoles fueran en algún sentido superiores a los indios. Esto se concretaba en el reconocimiento de su libertad individual y de su derecho a la propiedad privada. Además, los indios no podían ser forzados a convertirse a la fe cristiana, ya que para De las Casas la evangelización del Nuevo Mundo no suponía un deber para los españoles, sino un derecho de los indígenas.

Consecuencias de la Junta de Valladolid

El resultado de la Junta de Valladolid fue el freno de la conquista indiscriminada de territorio americano, de forma que solamente las órdenes religiosas podían explorar suelo desconocido para fundar misiones. Fruto también de la Junta fueron la redacción de nuevas Leyes de Indias, la creación de la figura del protector de indios (un organismo dedicado a velar por el bienestar y los intereses de los nativos) y el surgimiento del derecho de gentes.

Las conclusiones de la Junta de Valladolid, junto a la promulgación en los años anteriores de las Leyes Nuevas, contribuyeron a la paulatina desaparición de los abusos cometidos contra los indios y al asentamiento del poder de la Corona española sobre sus dominios en América, en detrimento de personajes políticos concretos con iniciativas e intereses espurios.

En palabras del hispanista John Elliott, “Las Casas y sus partidarios lograron crear un clima moral en el que la Corona se vio forzada a recordar su obligación de defenderlos [a los indios] contra sus opresores y de hacer cuanto pudiera para aliviar su suerte”.

En el siguiente vídeo del portal de divulgación Academia Play, puedes ahondar en la opinión del historiador británico:



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