Julio Iglesias, 50 años después la vida sigue igual

La vida ya nunca fue igual para Julio Iglesias después de aquella noche de hace 50 años en la que se proclamó ganador del Festival de Benidorm, iniciando así una de las carreras artísticas más exitosas de la historia y alterando de paso el modesto ecosistema de la música en español para siempre

Julio Iglesias

 Julio Iglesias recibe el premio Artista Latino (CORDON PRESS)

Agencia EFE

Tiempo de lectura: 3' Actualizado 12:21

Porque antes de Luis Fonsi, Ricky Martin, Shakira o el propio Enrique Iglesias, antes de Raphael o Juan Gabriel, el mundo aprendió castellano a través de un joven madrileño que tuvo que dejar su prometedora carrera como futbolista a causa de un accidente de coche y que decidió probar suerte con una exigua voz.

"Aprendí a cantar en los últimos 15 años", reconoció en una entrevista con Efe en 2010, cuando se animó a regrabar todas las canciones de su vida, unas 140 calculó él, desde la inicial "La vida sigue igual" con la que experimentó su primer triunfo en la cita benidormí un 17 de julio de 1968.

Según los cálculos más recientes de Sony Music, de sus más de 80 álbumes se le estiman unas ventas superiores a los 350 millones de ejemplares en muy diversos idiomas, por lo que ostenta el récord Guiness al "artista latino que más discos ha vendido en el mundo".

En esa escalada internacional, su primer gran hito consistió en participar en el Festival de Eurovisión de 1970 con "Gwendolyne". Acabó en cuarto lugar, pero logró grabar la canción en cuatro lenguas distintas y coronar las listas de ventas de varios países.

Muy poco después conocería y contraería matrimonio con su primera mujer, Isabel Preysler, episodio romántico que coincidió con una agenda de compromisos cada vez más apretada, con viajes a Japón incluso, y un colchón de canciones en varios idiomas que incluyen ya "Un canto a Galicia" o "Por el amor de una mujer".

"De tanto cantarle al amor y la vida/ me quedé sin amor una noche de un día./ De tanto jugar con quien yo más quería/ perdí sin querer lo mejor que tenía", cantó en el tema "Me olvidé vivir" (1978), solo un año después de que al matrimonio se le rompiera el amor después de tres hijos en común, incluido el más pequeño, Enrique, sucesor de la senda global de su padre con los años.

En aquel momento, Iglesias era el galán latino por antonomasia, con 35 millones de discos despachados por todo el globo y el cantante mudó su residencia a EE.UU. tras firmar un contrato multimillonario.

"Acababa de separarme de mi primera mujer y para mí era un momento de soledad. En Miami encontré una actitud hacia la música que me gustó y allí me quedé", contó después sobre una etapa que supuso el principio de su relación laboral con Ramón Arcusa, del Dúo Dinámico, como productor de sus mayores éxitos, véase "Soy un truhán, soy un señor" o "Quijote".

Su popularidad alcanzó tal punto que, entre marcas comerciales estratosféricas y habiendo actuado ya en foros tan importantes como el Royal Albert Hall de Londres o el Carneggie Hall y el Madison Square Garden de Nueva York, en 1980 fue invitado a cantar frente a las pirámides de Egipto, situación que repitió años después.

Solo un episodio enturbió su vida: el secuestro en 1981 por parte de ETA de su padre, el doctor Julio Iglesias Puga, posteriormente liberado. Esto provocó que el músico trasladase a sus hijos a vivir a EE.UU.

Los años siguientes lo consagrarían en el mercado estadounidense con la publicación de su primer disco en inglés, "1100 Bel Air Place" (1984), y colaboraciones estelares junto a figuras como Willie Nelson ("To all the girls I've loved before"), Diana Ross ("All of you"), Stevie Wonder ("My love"), Dolly Parton ("When you tell me that you love me") o Sting ("Fragile").

"Los más grandes intérpretes de la historia no fueron cantantes de grandes voces, sino cantantes para adentro", reflexionó sobre su propia carrera el intérprete de "Me olvidé de vivir", que situó en este grupo de artistas a gente como Nat King Cole, Elvis Presley o Frank Sinatra, con el que grabó "Summer Wind".

Los 90 traería sus últimos grandes discos de estudio, "La carretera" (1995) o "Tango" (1996), pero sobre todo el inicio de su relación sentimental más longeva junto a la holandesa Miranda Rijnsburger, con la que no se casaría hasta 2010, tras el nacimiento de sus cinco hijos.

Con el nuevo siglo alumbró "Noche de cuatro lunas" (2000), en el que colaboró Alejandro Sanz, y un año después fue galardonado con el premio Grammy Latino como personalidad del año, distinción que se sumaría a la que en 2013 le concedió China como artista internacional más popular de todos los tiempos.

Quizás motivado por sus problemas de espalda, que le obligaron a ser intervenido, en 2015 anunció que abandonaba los estudios de grabación, decisión de la que se retractó en 2017 cuando lanzó "México & Amigos", tras superar asimismo un ataque de ciática que le obligó a posponer varios "shows".

"Salir al escenario con 70 años es como salir a jugar un partido de fútbol con 50", reconocía en una entrevista el pasado año en la que, no obstante, aseguraba estar en perfecto estado para ofrecer una gira por su aniversario que finalmente no se ha producido.

Enganchado al aplauso del público, sorprende en estos días la invisibilidad mediática de uno de los músicos más grandes de todos los tiempos, el mismo que hace unos pocos años dedicó estas palabras a sus seguidores: "Me hacéis sentir vivo. El viento de vuestras palabras es como mi oxígeno, no me dejéis morir".

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