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El accidentado y curioso viaje que Einstein hizo por España en 1923

El físico alemán visitó nuestro país para dar una serie de conferencias dos años después de ganar el premio Nobel

El accidentado y curioso viaje que Einstein hizo por España en 1923

 

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Tiempo de lectura: 3'Actualizado 16:12

Estos días se cumple el aniversario de la visita que el científico alemán Albert Einstein hizo a España en el año 1923. El autor de la teoría de la relatividad llegó a nuestro país invitado por el matemático riojano Julio Rey Pastor y el ingeniero y físico catalán Esteve Terradas.

Einstein venía de haber ganado el premio Nobel el año anterior por sus aportaciones a la física teórica y por el descubrimiento de la ley del efecto fotoeléctrico. El físico alemán era, por tanto, una celebridad mundial, sobre todo por su ya conocida y por entonces probada teoría de la relatividad.

Una visita plagada de anécdotas

No obstante, a pesar de su popularidad, cuando Einstein se bajó del tren en Barcelona nadie estaba allí para recibirle. No es que no se le hubiera tomado en consideración, sino que Einstein olvidó avisar de en qué tren llegaba, por lo que nadie supo cuándo debía ir a recogerle a la estación. Fruto de este mismo malentendido, Einstein y su esposa, Elsa, no durmieron esa noche en la habitación que tenían reservada en el hotel Ritz, sino en una pequeña pensión en La Rambla barcelonesa.

Esta distaría de ser la única anécdota curiosa del azaroso viaje de Einstein por España. Por ejemplo, en los seis días que el nobel alemán pasó en la capital catalana, el profesor no sólo impartió conferencias sobre su afamada teoría de la relatividad. También visitó la sede del sindicato anarquista CNT, donde se reunió con su histórico dirigente Ángel Pestaña.

Según algunas fuentes, Einstein le señaló a su interlocutor que él mismo era un revolucionario, solo que en el campo de la ciencia pero que sentía una gran preocupación por el movimiento obrero. Como contraste con su visita a la CNT, el nobel también acudió a ver el monasterio cisterciense de Poblet, en Tarragona.

Ya en Madrid, la segunda escala de su travesía, Einstein fue recibido por el Rey Alfonso XIII. Como recuerdo del encuentro se tomó una curiosa fotografía en la que casi todos los que rodean al físico alemán, incluido el propio monarca, aparecen con los ojos cerrados, mientras que Einstein los mantiene abiertos.

En el centro, Alfonso XIII y Albert Einstein

En el centro, Alfonso XIII y Albert Einstein.

Conferencias e interés artístico

En la capital de España, el nobel impartió otra serie de conferencias a las que asistieron intelectuales patrios de la época como el científico Santiago Ramón y Cajal, el doctor Gregorio Marañón, el filósofo José Ortega y Gasset o el escritor Ramón Gómez de la Serna. Además, Einstein fue invitado a una tertulia en la Residencia de Estudiantes, uno de los centros culturales en eclosión de la época.

A pesar de la altura intelectual de una pequeña proporción de su audiencia, hay motivos para dudar de que la mayoría de los que escucharon las disertaciones de Einstein entendieran algo de lo que este dijo. Véase, por ejemplo, el testimonio del mítico columnista Julio Camba, que no dudó expresar sus dudas al respecto en un artículo en el diario ‘El Sol’: “Indudablemente, todos los allí reunidos le admirábamos [a Einstein] mucho; pero si alguien nos pregunta por qué le admirábamos nos pondrá en un apuro bastante serio”.

Durante su estancia en Madrid, Einstein demostró un gran interés por el arte al visitar en tres ocasiones el Museo del Prado y una el monasterio de El Escorial. También quiso llegarse a Toledo para contemplar en primera persona ‘El entierro del Conde Orgaz’, de El Greco.

El viaje de Einstein por España acabó en Zaragoza, donde estuvo del 12 al 14 de marzo. Allí dio otro par de conferencias y celebró su cumpleaños, que cayó en esas fechas. El ‘Heraldo de Aragón’ remite un suceso ocurrido durante la estancia del genio alemán en tierras mañas. Resultó que, al finalizar una de sus lecciones magistrales, los organizadores quisieron conservar la pizarra en la que Einstein se había apoyado para dar sus explicaciones. El físico no tuvo inconveniente e incluso tuvo a bien sellar su autógrafo en el encerado. No obstante, a día de hoy sigue sin conocerse el paradero de aquella pizarra.

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