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'Enamorados hasta la médula' de Pablo Ráez

Sucedió el 24 de febrero de 2017. Pablo Ráez enviaba un mensaje de despedida a su amigo Pepe disculpándose: "Perdóname Pepe, estoy sin fuerzas. Te quiero". Murió al día siguiente. 


La leucemia le tentaba desde que era pequeño. Una lesión de rodilla a los 12 años, le tuvo en vilo hasta que cumplió los 18. Fue en ese momento cuando su vida cambió radicalmente.

"Tienes leucemia", le dijeron. "¿Leucemia? ¡Si yo vengo del gimnasio de levantar 120 kilos!, ¿leucemia". Así reaccionaba Pablo, el joven deportista que tenía toda la vida por delante. 

El amigo que siente la muerte de Pablo "porque quería disfrutarle más. Pablo aprovechó todos los momentos y a mí me ha dejado con más ganas de él".

El padre orgulloso: "Pablo es un referente entre los jóvenes de su generación porque su mensaje ha calado. La gente lo ha querido sin conocerlo. Sé que los que hemos tenido la oportunidad de estar con él, somos muy afortunados".

La novia serena: "el cuerpo me pidió llorar y enfadarme con el mundo cuando nos dijeron que había recaído. Pero mirando por él, lo único que te apetecía era hacerle sonreír, por todas las veces que él te hizo sonreír a ti".

El padrino responsable: "Cuando salí de su casa ambos sabíamos que no nos volveríamos a ver, pero tuve que cumplir mi palabra y me fui".

Los médicos conscientes: "El efecto Ráez fue importantísimo. El aumento de donaciones se debe en gran medida a la labor de difusión que hizo Pablo".

Los donantes comprometidos: "Pablo me animó a donar. Me gustaría que si yo lo necesitara pudiera contar con la ayuda de los demás".

El entorno de Ráez nos ha dejado conocerle un poquito más. Hemos entrado en su casa, hemos andado por su parque, pisado su gimnasio y visitado su hospital. 

Este chico marbellí, era mucho más que #siemprefuerte. Pablo, consiguió conectar con la gente y hacer entender que "un grano de arroz puede desiquilibrar una balanza". 

Qué razón tiene, Pepe, su padrino cuando dice: "¡Era una zalamero, tenía a todos locos!". Porque todos acabamos enamorados hasta la médula de él.  

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