Guerrero Pablo Ráez: Hasta que la realidad nos separe

Estamos en 1996. Ese es el año en el que nace uno de los de Ráez. De los Ráez Martínez, concretamente: EL GUERRERO Nº1

 

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Redactora de cope.es

Tiempo de lectura: 2' Actualizado 18:12

El niño Ráez Martínez era un trasto. Espabilado y travieso. Un día, siendo muy pequeño, se lesionó la rodilla en la feria. Ahí, sin que nadie lo supiera, empezó todo.

Pasó sus primeros años en el colegio bilingüe La Latina de Marbella pero a él no le gustaba estudiar. Ese niño necesitaba entender todo. ¿Por qué? ¿por qué? ¿por qué?... no admitía una explicación que no considerara coherente. No, no era un niño repelente. Era un niño que pedía congruencia a gritos. Le pasó con los estudios, le pasó con la religión. Le sucedió lo mismo a lo largo de su vida y... lo necesitó antes de que llegara su muerte.

Con la necesidad de entender todo lo que pasaba a su alrededor se fue haciendo un hombre sin dejar de ser un bebé. Un chaval fuerte y a la vez delicado. Un guaperas... un guaperas que sabía de su encanto. Un chico curtido que apostaba por el deporte -tan pronto hacía kárate como metía un triple de espalda a la canasta-. Un joven entusiasmado también con el voleibol, el waterpolo o el crossfit, su última conquista. Su... inesperada preparación para lo que se le venía encima. 

Este marbellí exigente, disciplinado y comprometido decidió bautizarse a los 16 años. Este malagueño sencillo tenía toda una vida por delante. Quería ser bombero como su padre. Su primer trabajo fue apagar el fuego que le recorría la sangre. Lo intentó, luchó y no se dejó vencer. El jovenzuelo hedonista y presumido se convirtió en un azote de realidad, en un agitador de conciencias. Creía en las personas.

Ese niño, a quien le daba vergüenza que su padre le viera jugar a baloncesto, vivía en la calle Lobatas de Marbella. Ese niño que tanto aprendió de sus padres, aunque dijera que no les hacía caso, vivió también en la habitación 610 del Hospital Carlos Haya de Málaga. Su segunda casa no le gustaba, tanto es así que nada más entrar le dijo a su padre "Papá, se ha acabado la niñez". Fue el 26 de marzo de 2015.

En julio de 2015 compartió médula al 50% con su padre. Su sangre pudo más y en 2016 un 80% de compatibilidad llegado de América le dio la oportunidad de seguir viviendo. No pudo ser.

A su lado siempre su familia. En su corazón siempre su familia y esa chica que conoció gracias a su padre. Ese ángel rubio de ojos azules se enamoró de un chico que había pasado por un cáncer y no lo abandonó cuando las circunstancias se volvieron más que complicadas.

Ráez Martínez enamorado hasta la médula de su ángel y ese ángel enamorada hasta la médula de su guerrerro de la luz.

DISFRUTA DEL TRAILER DE "ENAMORADOS HASTA LA MÉDULA"

Continuará... 

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