El encargo y la esperanza

El encargo y la esperanza

Redacción digital

Madrid - Publicado el - Actualizado

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"Galileos, ¿qué hacéis ahí plantados mirando al cielo? El mismo Jesús que os ha dejado para subir al cielo, volverá como le habéis visto marcharse" (Hech 1,11). Esta lectura del libro de los Hechos de los Apóstoles nos recuerda una tentación que debieron de padecer las primeras comunidades cristianas.

Ante las mil dificultades internas de cada día y ante la difamación y la persecución que venían del exterior era inevitable volver la vista atrás y situarse en la nostalgia. Seguramente eran muchos los hermanos que, a fuerza de mirar al cielo, ignoraban o pretendían olvidar los desafíos que se les planteaban en este suelo.

En el salmo resonsorial repetimos hoy que "Dios asciende entre aclamaciones; el Señor al son de tropetas" (Sal 46, 2-9). Está bien proclamar su gloria, con tal de que no apartemos la vista de las demandas que nos vienen de toda la tierra.

Que Dios ilumine los ojos de nuestro corazón para que podamos comprender la esperanza a la que nos llama cada día (Ef 1, 17-23).

EL ÚLTIMO ENCARGO

El texto evangélico que se proclama en esta fiesta de la Ascensión del Señor nos recuerda el último encargo que Jesús nos dejó: "Id al mundo entero y proclamad el Evangelio a toda la creación" (Mc 16, 15).

LA MISIÓN Y LOS SIGNOS

Además del encargo del Maestro, el evangelio de Marcos incluye una nota sobre la fidelidad con la que sus discípulos lo cumplieron: "Ellos fueron y proclamaron el Evangelio por todas partes, y el Señor actuaba con ellos y confirmaba la palabra con los signos que los acompañaban".

Señor Jesús, nuestra mirada a los cielos no puede ser un signo de una nostagia enfermiza. Queremos reconocer tu gloria, agradecer tu presencia entre nosotros, solicitar tu ayuda y seguir caminando por el mundo en la esperanza de tu manifestación. Amén.

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