
Madrid - Publicado el
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El ecuador de esta Semana Grande pone más de relieve el Misterio que recordamos estas jornadas. Hoy, cuarto día de la Octava de Pascua, seguimos contemplando al Señor Resucitado. Se llama Miércoles del Camino a Emaús.
Jesús se acerca a dos discípulos que caminan a esta aldea. Van abatidos porque han experimentado el dolor de que Jesús fuese traicionado por Judas, uno de los más íntimos. Pero el tema fue más grave porque los Jefes del Pueblo Elegido le condenaron y le entregaron al Poder Romano con le objetivo de que lo condenara a la Cruz, como sucedió.
El Maestro deja que se lo cuenten como si nada supiese de esto. Es decir, como un Viajero. Después de dejarles hablar quiere sacarles de su tristeza, recordándolos que el Mesías debía padecer para resucitar al tercer día.
Los dos hombres se sienten fascinados en su corazón por lo que le oyen. Cuando llegan al pueblo, ellos le apremian para que no se vaya, porque el Misterioso Acompañante hace el ademán de seguir caminando. Sin embargo, acepta la invitación y se sienta a la mesa con ellos.
Casualmente Él se impone en la mesa y parte el pan. Este Signo les hace pensar. Entonces le reconocen. Pero cuando quieren recordar, Cristo desaparece. A ellos les falta tiempo para ir a Jerusalén al Cenáculo a contárselo a los Once. Por eso tiene el nombre de "Anuncio Camino de Emaús".





