Un corazón limpio, título homilético para 22 Domingo Tiempo Ordinario, B, (2-9-2018)

Un corazón limpio, título homilético para 22 Domingo Tiempo Ordinario, B, (2-9-2018)
Madrid - Publicado el - Actualizado
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Un corazón limpio, título homilético para 22 Domingo Tiempo Ordinario, B, (2-9-2018)
"Estos mandatos son vuestra sabiduría y vuestra inteligencia" (Deut 4,6). En la primera lectura de hoy, se nos dice que los mandamientos son la clave de la racionalidad y del buen sentido. Señalan el camino de la verdad y del bien que nos lleva a la felicidad.
Hoy se repite todos los días que "todo vale". Claro que ya no pensamos lo mismo, si somos nosotros la víctima de un atropello o de una injusticia. No todo vale. Tiene que haber un criterio que ayude a marcar los límites entre el bien y el mal, entre lo justo y lo injusto.
Ahora bien, ese criterio no puede depender del capricho o de los intereses, de una persona. Si así fuera, no se podría denunciar al ladrón o al que finge tener un título universitario. El criterio tampoco puede ser la voz de las mayorías. Los que han renovado la sociedad siempre fueron minorías. Las mayorías buscan la comodidad y la satisfacción.
Recordar los mandamientos es una señal de prudencia. En ellos se contienen los valores humanos fundamentales. Además, los mandamientos son un signo del amor de Dios que ha liberado a su pueblo de la esclavitud, como acaba de explicar el papa Francisco.
MANÍAS E INTERESES
Todos los días del año nos empeñamos en marcar por nuestra cuenta los límites del bien y del mal. Jesús lo dice en el evangelio que hoy se proclama: "Dejáis a un lado el mandamiento de Dios para aferraros a la tradición de los hombres" (Mc 7,8).
La lectura del texto evangélico se refiere directamente a los lavatorios de los judíos. Pero podemos pensar en muchas situaciones actuales De hecho, en muchas ocasiones ponemos nuestras propias normas y manías, nuestras costumbres y tradiciones por encima de los mandamientos del Señor.
Todos podemos recordar algunas costumbres de nuestra familia, las tradiciones de nuestro pueblo, unos refranes que parecen sabios y son inmorales, esas decisiones de la comundad de vecinos y aquellos estatutos de una hermandad. Nuestros intereses nos llevan a olvidar el bien y la justicia. Olvidamos el doble mandamiento de amar a Dios sobre todas las cosas y al prójimo como a nosotros mismos.
APARIENCIA Y VERDAD
El evangelio recuerda hoy otra frase de Jesús que se refiere todavía a los lavatorios. Pero también ella puede ser aplicada a todos los ámbitos de la vida actual.
– Señor Jesús, tú eres el profeta que nos recuerda la bondad y la santidad de los mandamientos de Dios. Tú nos invitas cada día a vivir en la coherencia y en la verdad. Purifica tú nuestra conciencia, libranos de nuestro egoísmo y nuestro deseo de aparentar unas virtudes que no tenemos, y crea en nosotros un corazón puro. Amén.
José-Román Flecha Andrés





