León XIV modifica una tradición que implantó Pablo VI y que encierra un profundo significado histórico y litúrgico
El pasado 6 de enero, cuando el Papa cerró la Puerta Santa de la basílica de San Pedro para clausurar el Jubileo de la Esperanza, incorporaba un nuevo báculo pastoral cargado de simbolismo

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El pasado 6 de enero, Epifanía del Señor, León XIV cerró la Puerta Santa de la basílica de San Pedro, poniendo así fin al Jubileo de 2025. Durante esta celebración, hubo un detalle que no pasó desapercibido para los más observadores: el Papa utilizó por primera vez un nuevo báculo pastoral, un gesto que encierra un profundo significado histórico, litúrgico y teológico.
A diferencia de los obispos, el Pontífice no utilizaba tradicionalmente el báculo pastoral. Desde la Alta Edad Media, los papas empleaban la llamada 'ferula pontificalis', un bastón rematado generalmente por una cruz, como signo de autoridad espiritual y de gobierno. Esta insignia no formaba parte habitual de la liturgia, salvo en momentos muy concretos, como la apertura de la Puerta Santa o la consagración de iglesias.

El cambio introducido por Pablo VI y que han continuado sus predecesores
Todo cambió con el Pontificado de Pablo VI quien marcó un antes y un después. El 8 de diciembre de 1965, en la clausura del Concilio Vaticano II, utilizó por primera vez un báculo con un crucifijo, diseñado por el escultor Lello Scorzelli.
La imagen del Cristo crucificado expresaba el centro del mensaje cristiano: Cristo muerto en la cruz por la humanidad. Desde entonces, este tipo de báculo comenzó a usarse de manera habitual por los papas, convirtiéndose en un signo reconocible del ministerio petrino.
Por su parte Juan Pablo II hizo de este báculo un símbolo de su Pontificado, elevándolo al inicio de su ministerio como expresión de su llamada a “abrir las puertas a Cristo”. Luego Benedicto XVI recuperó y adaptó distintos modelos, siempre subrayando la unidad entre la cruz y la resurrección como núcleo del anuncio cristiano.

El nuevo báculo de León XIV: Cristo resucitado
El báculo utilizado por León XIV se sitúa claramente en esta continuidad, pero introduce un matiz nuevo. La figura de Cristo ya no aparece clavada en la cruz, sino glorificada, en actitud de ascender al Padre. Conserva las llagas de la Pasión, no como signos de derrota, sino como señales luminosas de victoria sobre la muerte. El mensaje es claro: el dolor humano no se borra, pero queda transformado por la vida nueva que brota de la resurrección.

No es casual que León XIV haya empleado este báculo por primera vez en el cierre del Jubileo de la Esperanza, ya que recuerda que el único fundamento de la fe cristiana es Cristo crucificado y resucitado, y que en Él la humanidad ya participa de la vida de Dios. El lema grabado en el báculo, 'In illo uno unum' ('En Él, uno solo'), refuerza esta idea de unidad y comunión como corazón del mensaje del Pontificado.





