La fe sostuvo a Leopoldo López en la cárcel: "Tuve que luchar para poder ir a Misa"

El líder opositor venezolano logró llegar a España tras ser liberado después de pasar varios años en una prisión de Caracas

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Este jueves, 18 de febrero, hace exactamente siete años que Leopoldo López, uno de los líderes de le oposición venezolana, se entregaba a la Policía de Nicolás Maduro. "Fue un día de mucha incertidumbre", ha explicado, "pero tenía una certeza: dormiría esa noche en la cárcel". Esa madrugada amaneció en un lugar donde estaba escondido, a unos 45 minutos de Caracas: "A las cuatro y media de la madrugada, me meto en el cajón de un coche y llego a un sitio cercano a donde iba a ser la entrega"., ha proseguido. Además, ha asegurado que "fue una entrega voluntaria, no me agarraron en una redada. Lo hice por convicción: quería quedarme en Venezuela y enfrentar una justicia injusta". A las doce del mediodía llegó al sitio, como estaba previsto.

En los días previos, se habían producido amenazas directas a su mujer, Lilian Tintori, por parte de Diosdado Cabello, uno de los dirigentes chavistas, que le aseguró que le iban a matar: "De hecho, lo decían en la televisión", ha subrayado. "Por supuesto, yo tenía la certeza de lo que estaba haciendo, que tampoco iba a hacerles a ellos el juego de, simplemente, no ir, por temor, a un evento que yo había convocado. Al final, si me querían matar, lo iban a hacer en una calle oscura. Es lo que dije a mi mujer. En la cárcel o en una manifestación", ha remarcardo Leopoldo.

López, sin embargo, ya había tomado una decisión, pero ha insistido en la mezcla de incertidumbre y certeza de aquellas horas: "Ese día, 18 de febrero, dormí en una celda, en Ramo Verde, y escuché por primera vez el sonido y el eco del candado, de los candados, cuando se cierran. Primero el de la celda, y luego los nueve candados que estaban desde allí hasta el final de la secuencia de celdas que había. Fue el inicio de una etapa muy dura".

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Este tiempo lo pudo sobrellevar gracias a su fe católica y, particularmente, a los ejercicios de San Ignacio. "Soy católico", ha explicado, "como la mayoría de los católicos: nacemos católicos, asumimos nuestra condición de pecadores y participamos en la liturgia, y lo celebramos con mayor o menor intensidad, pero de forma muy mecánica. Somos creyentes y practicantes mecánicos. Al menos esa era mi experiencia. Cuando hay un momento de necesidad o de temor, se reza con mayor intensidad, pero para mí la cárcel fue el inicio de una etapa espiritualmente distinta".

El periodo en el que Leopoldo estuvo en la cárcel no fue de conversión, él se lo plantea de forma más humilde: "En el sentido de mayor profundidad e introspección, y, sobre todo, de mayor búsqueda de sentido de la oración, de la que se habla mucho, pero creo que se conoce poco: no es lo mismo ir a la Iglesia, comulgar, rezar unos padrenuestros, pedir por las necesidades o arrepentirse de las cosas que hemos hecho mal durante los últimos días, meses o años que buscar en la oración un proceso de comunicación". Por otra parte, ha subrayado que "es un proceso en el que al final conversas contigo mismo, pero en el que planteas la intermediación de Dios. En la medida en que uno se adentra en la oración, encuentra más sentido a ese proceso".

Cuando estuvo encerrado tuvo la oportunidad de leer mucho sobre la experiencia en la cárcel de muchas personas como Mandela, el cardenal François-Xavier Nguyen Van Thuan, de Luther King y de otros. "Por eso sabía que el tema de la oración esta siempre allí presente", ha remarcado el venezolano.

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La importancia de la figura de San Ignacio de Loyola para Leopoldo López


A lo largo de su formación como creyente estudió con sacerdotes jesuitas en la universidad. Comenzó un doctorado en Teología en Harvard, que después no continuó. Leopoldo siempre ha tenido curiosidad por los ejercicios espirituales. Le llamaban mucho la atención tres cosas de la figura de San Ignacio: "La primera es su condición de fundador de los jesuitas, por cuya labor y trabajo social siento mucha admiración. La segunda, su vida inicial de guerrero, la de un soldado que fue herido, lo que le llevó a un momento de introspección en las cuevas y el proceso que tuvo en Pamplona. Y lo tercero, que fue el referente de la Contrarreforma; un cambio de paradigma en el que el protestantismo estaba desafiando con una visión muy atractiva: la intermediación directa con Dios, sin necesidad de Iglesia ni sacerdote para interpretar la Biblia o tener una conversación directo", ha explicado.

"En ese contexto, San Ignacio se convierte en la figura dentro de la Iglesia católica que plantea un esquema de introspección y de oración que, de alguna manera, propone un itinerario de comunicación directa sin por ello cuestionar la estructura de la Iglesia. Eso es lo que me llamó la atención de San Ignacio", ha remarcado Lepoldo López.

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"Tuve que luchar para que me dejaran ir a Misa"

Los ejercicios espirituales están previstos para un mes, pero en el caso de Leopoldo fueron años: "Yo no los pude hacer estrictamente como están planteados. Al principio de mi estancia en la cárcel tuve que luchar para que me dejaran ir a Misa porque no me permitían salir de la celda. Al final logré que me dejaran ir, con custodia –nunca podía ir solo– a un banco reservado, con dos funcionarios de inteligencia a cada lado. Pero pude tener contacto con un sacerdote y le pedí ayuda", ha confesado.

Gracias a Dios, tuvo tres o cuatro sesiones con el sacerdote, y este le consiguió un libro: "Los ejercicios requieren la mediación de un sacerdote porque tienen mucha conversación. Eso lo hice parcialmente, pero aquel libro me sirvió de guía. Creo que son ejercicios muy interesantes porque comienzan haciendo una retrospectiva de lo que ha sido tu vida espiritual. Recuerdo el primer ejercicio, que indicaba hacer un diagrama donde en el eje de la y se pone la intensidad espiritual y en el de la x, el tiempo. De ahí sale el momento de mayor intensidad espiritual desde que se tiene uso de razón".

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La mayor intensidad espiritual que vivió el venezolano: su Primera Comunión


"Por supuesto, para mí fue el de mi Primera Comunión. Te das cuenta cómo la relación espiritual tiene sus picos y sus valles. Haces como la película de tu vida. Como tenía mucho tiempo, fue un proceso profundo y de mucha ayuda. Luego hay una serie de ejercicios que se hacen. Imagina que estás rezando y que te proyectas hacia arriba. Ves como un mapa, te ven, está la gente que quieres. Empiezas a tener una relación con el entorno y con los lugares, que te va focalizando. Una ayuda para saber plantear la oración", ha manifestado uno de los líderes de la oposición venezolana.

Un sacerdote y amigo de Leopoldo, Carlos Torra, párroco de Chacao, municipio del que yo fui alcalde, le dijo que la gente rezaba por tres razones: por el temor, por la necesidad o por el agradecimiento: "Y la más profunda es el agradecimiento. Por eso tomé la decisión de rezar y plantear los ejercicios desde el agradecimiento".

Puedes leer la entrevista completa en Alfa y Omega.

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