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Valores evangélicos para proteger nuestros menores

La ética cristiana nos permite responder a los desafíos que plantea la protección del menor en las sociedades occidentales

Òscar Martí

Òscar Martí

Periodista de la Archidiócesis de Barcelona

Tiempo de lectura: 2'Actualizado 21 feb 2019

Valores evangélicos para proteger nuestros menores

VINCENZO PINTO / POOL

Se ha escrito mucho a propósito del encuentro de obispos sobre la protección del menor en la Iglesia, cumbre que se cerró en Roma este pasado fin de semana. En realidad, la Iglesia católica lleva tiempo centrando la atención mediática por el goteo de denuncias que ha recibido por presuntos abusos a niños y jóvenes menores de edad que habrían sido cometidos por personas vinculadas directamente o indirectamente a la institución.

Más allá de las propias víctimas, otro gran damnificado por este asunto es la reputación de la Iglesia católica. Sabiendo que nunca será suficiente lo que se haga para pedir perdón y buscar reparar el daño causado, se sigue con gran atención la reacción de la institución eclesial ante este grave problema que, en realidad, afecta a toda la sociedad.

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Sin embargo, el principal desafío que tenemos en frente es reflexionar los valores que puede aportar la ética cristiana ante este terrible problema: los abusos a menores en nuestra sociedad. Mientras vamos viendo cómo se concretan e implementan las medidas que puedan adoptar los pastores de la Iglesia, los laicos también estamos llamados a ser parte de la solución.

Como nos pide el Concilio Vaticano II, entre todos debemos reflexionar los valores que puede aportar la ética cristiana a nuestra sociedad y, así, establecer un diálogo ético para poder mejorar esta sociedad en la cual todos vivimos y compartimos.

La ética cristiana debe ser consciente que propone y vive unos valores que a menudo no son los considerados prioritarios en las sociedades donde se tiene que desarrollar y poner en práctica, y eso a pesar que algunas de estas sociedades hayan tenido una matriz cristiana.

Desde de nuestra perspectiva cristiana, y a pesar de todo, es bueno preguntarse: ¿la protección de nuestros menores puede que sea un signo de los tiempos o una de las llamadas del Espíritu que se dan en nuestra sociedad occidental?

Los signos y llamadas siempre deben ser recogidos por la comunidad cristiana, ya que responden a problemas de nuestro mundo, y ofrecen soluciones y propuestas que no son ajenas a los valores evangélicos. Parece lógico pensar que desde la Iglesia tendremos que impulsar la reflexión y la acción de nuestras sociedades occidentales para promover la protección de la infancia y los adultos vulnerables. El seguimiento de los valores evangélicos es la mejor prevención.

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