La fe pascual no se negocia

La fe pascual no se negocia
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Mons. Joan E. Vives Celebrando la Pascua, el Papa Francisco dijo en una homilía: "Pedro no calló su fe, no se rebajó a compromisos, porque la fe no se negocia (…) En la historia del pueblo de Dios ha existido esta tentación a veces, la de cercenar un fragmento a la fe, la tentación de ser un poco como hacen los demás, la de no ser tan rígidos; pero cuando empezamos a recortar la fe, a negociar la fe, un poco a venderla al mejor postor, empezamos el camino de la apostasía, de la no fidelidad al Señor". Este es el testimonio fiel de los mártires desde el primer momento de la Iglesia. Y hoy todavía hay "mártires" del catolicismo en muchos países, por no ser infieles al don recibido.
La Pascua es el núcleo de la fe y el centro de toda la vida cristiana. La experiencia del sepulcro vacío y de las apariciones del Resucitado son esenciales. Captar el vacío de la muerte, que ha sido ya vencida; y ser merecedores de unos encuentros con Jesús resucitado, que revelan la verdad de Jesús, que es el Hijo de Dios y que vive para siempre. Ahora se ve claro que "el Padre lo había puesto todo en sus manos, que venía de Dios y a Dios volvía" (Jn 13,3), que su Palabra es la verdad y que sus mandamientos nos llevan hacia a Dios y hacia la vida que no se acabará nunca. Cristo Resucitado no rechaza a nadie por la infidelidad habida, sino que vuelve a llamarlos misericordiosamente para hacerles apóstoles suyos, los fortalece en la fe y les otorga los dones espirituales necesarios para su misión santificadora y orientadora para toda la humanidad.
No podemos hacernos una fe a nuestra medida, ni una fe que elige lo que le gusta y lo que no. Ni una fe al gusto de quienes me rodean, o que cede a las presiones del poder o de las modas o ideologías triunfantes… La fe es el compromiso de acoger un Amor que viene de Dios, que nos trasciende. "No sois vosotros los que me habéis elegido, sino que yo os he elegido y os he destinado para que vayáis y déis fruto, y vuestro fruto permanezca" (Jn 15,16). El cristiano es portador de una misión desde la Pascua, que no puede traicionar. Y con la fe pascual también se vincula una ética, sobre todo en temas de dignidad de la persona y derechos humanos, de justicia social y reparto justo de los bienes de la tierra, de trabajo por la paz y por la defensa de la vida, de amor a los más desvalidos. El cristiano quiere transformar la historia según lo que Dios espera, según un dinamismo de amor y de justicia aprendido en las parábolas sobre el Reino de Dios que Cristo anunciaba. En muchos temas quizás este testimonio lo hará "diferente" a los criterios mundanos, o bien se deberá oponer a ellos con valentía. Ya los apóstoles decían: "Hay que obedecer a Dios antes que a los hombres" (Hch 5,29).
La fe es un encuentro con Jesús que cambia la vida, un acontecimiento que lo trastoca todo. "No se comienza a ser cristiano por una decisión ética o una gran idea, sino por el encuentro con un acontecimiento, con una Persona, que da un nuevo horizonte a la vida y, con ello, una orientación decisiva" (Benedicto XVI, Deus caritas est, 1). Tomemos el compromiso de orientar y dar "sentido" a todo, desde la fe cristiana pascual, con la esperanza y el amor bien vivos. Y disfrutemos del don de tener fe, de ser miembros de la Iglesia, de poder testimoniar a Cristo y transformar el mundo según las Bienaventuranzas.
+ Joan E. Vives
Arzobispo de Urgell y Tudela





