Clausura de la Celebración del Sexto Centenario del Compromiso de Caspe (II)

Clausura de la Celebración del Sexto Centenario del Compromiso de Caspe (II)

Agencia SIC

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Mons. Manuel Ureña El Compromiso de Caspe dictó sentencia arbitral en el verano de1412 afavor del infante castellano don Fernando de Antequera, después de arduas deliberaciones y con los precedentes de los diversos parlamentos reunidos a lo largo del bienio 1411-1412 en los estados peninsulares de la Corona de Aragón.

Puestos a hacer un balance, por fuerza de la verdad histórica hay que decir que el Compromiso de Caspe fue un ejemplo de intentar la solución de un problema sucesorio sin el recurso a priori a las armas, aun cuando don Fernando habría de contender después con don Jaime, Conde de Urgel, por no aceptar éste la solución caspolina.

Asimismo, el Compromiso de Caspe fue una mostración clara del "espíritu pactista" en la Corona de Aragón.

En tercer lugar, el Compromiso de Caspe, al decantarse a favor de Fernando de Antequera como sucesor del rey Martín I, al tiempo que trataba de hacer justicia, se mostraba realista y progresista. En efecto, en aquella sentencia la burguesía catalana apostó con parte de la nobleza en favor del castellano Fernando para evitar el triunfo de Jaime de Urgel, de corte aristocratizante y feudal. Más todavía: en el Compromiso de Caspe los intereses económicos de los dirigentes financieros y comerciales de Aragón pensaron en Castilla como salida de sus productos más preciados, como la lana, puesto que la familia Trastámara tenía su solar natural en Medina del Campo, sede de las ferias más importantes y dinámicas del momento y en relación con los mercados de demanda en Inglaterra y en Flandes.

Es también posible que el aragonés Benedicto XIII, Papa en Aviñón, tuviera intereses en el triunfo de Fernando para que éste le ayudase a defender ante Roma su pretensión de ser él el verdadero Papa de la Iglesia. Repárese en que nos encontramos todavía en pleno desarrollo del Cisma de Occidente, un cisma horrible que venía de atrás y que sería superado en 1417 con la elección del Papa Martín V en el concilio de Constanza.

Por tanto, podemos admitir que en el Compromiso de Caspe se dieron cita una serie de intereses dinásticos y familiares, políticos y sociales, económicos y mercantiles, como también de hombres de Iglesia, como el Papa de Aragón Pedro Martínez de Luna.

Pero lo que no es cierto es que la sentencia arbitral de Caspe obtenida el 24 de junio de 1212 y hecha pública el día 28 fuera en su contenido una superestructura jurídica legitimadora de aquellos intereses.

Muy al contrario, el Compromiso de Caspe buscó, en cumplimiento de lo querido y manifestado tantas veces por el propio rey Martín I el Humano y en virtud del calado moral de los compromisarios, encontrar la verdad y hacer justicia.

Por ejemplo, se ha podido escuchar a veces que el dominico Vicente Ferrer habría sido en Caspe un compromisario hipotecado a los posibles intereses privados de Benedicto XIII.

Pues bien, esta afirmación carece absolutamente de verdad. Nobilísima fue la actitud de San Vicente como compromisario en Caspe. Él acudió a esta ciudad con el ánimo sereno y la inteligencia despierta, guiado por el único fin de dar una razón jurídica en el asunto de los pretendientes al trono y, sobre todo, con la limpia y altísima intención de aceptar el resultado de la votación como designio de la Providencia.

De hecho, la conducta del santo dominico en la resolución del problema sucesorio se mostró tan digna y honrada a los ojos de todos, que su apostolado público no sufrió menoscabo alguno ni siquiera allí en donde la solución de Caspe había resultado insatisfactoria e incluso había sido combatida.

Y es que nunca es lícito acercarse a la comprensión y valoración de los hechos del pasado con criterios estructuralistas, como tampoco con prismas anacrónicos y subjetivistas. Dicho de otro modo, la verdad de un hecho no depende del espíritu de una época; y con los ojos de hoy no pueden contemplarse realidades de ayer.

Estos dos principios son especialmente importantes a la hora de valorar el caso que nos ocupa. Como escribe el profesor Laliena Corbera a propósito del segundo principio, "el llamado Compromiso de Caspe ha sido enjuiciado de manera dispar desde hace más de un siglo por la historiografía castellanista y por la catalana vinculada a la Renaixença, en los años 20, sin que el debate haya sido en absoluto zanjado y, es preciso decirlo, sin que las argumentaciones rebasen el nivel de valoraciones generales, en las que la instalación de una dinastía de origen castellano es vista como una derrota de la independencia de la Corona y, especialmente, de Cataluña, en tanto que la visión castellanista es simétricamente opuesta. Como es fácil imaginar, este resumen traiciona ideas que son algo más ricas y complejas, pero es evidente que la traslación al pasado de una problemática ideológica actual no ayuda demasiado a entender una solución que espera todavía estudios minuciosos?".

En cualquiera de los casos, queda claro que en Caspe se trató de hacer justicia por parte de nueve compromisarios sabios, honestos y representantes de la sociedad; que aquella sentencia arbitral designó al candidato más universalmente aceptado por las diversas estructuras de los países de la Corona de Aragón; y que buscó, con su elección concreta, guardar y conservar la unión de la Corona de Aragón, iniciada en 1137, y poner las bases de la ya próxima monarquía hispánica.

? Manuel Ureña

Arzobispo de Zaragoza

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