Jorge, padre de Martita, una niña con un tumor cerebral inoperable: "Ha venido para darnos una lección de vida"
Con solo 7 años, Marta lucha contra un glioma inoperable mientras su familia busca recaudar fondos para la investigación de este tipo de cáncer infantil

Madrid - Publicado el
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Marta, o Martita, como la llaman cariñosamente, es una niña de 7 años que padece un igloma de alto grado en el tálamo, un tumor cerebral de difícil acceso y, por tanto, inoperable. El pronóstico para los pacientes con este diagnóstico es de entre 2 y 18 meses de vida. Su padre, Jorge, ha contado su historia en los micrófonos de Mediodía COPE, donde ha descrito a su hija como "un ser de luz, es especial".
Según su padre, Marta "desde que nació ha sido especial". La describe como una niña que "se ha destacado por su afán de que todo el mundo esté bien, de que no se pelee la gente, de poner paz entre sus compañeros". Tras el diagnóstico, la familia se aferra a la idea de que: "ella ha venido para para darnos una lección de vida, y y que ese es su papel, porque, si no, no tendríamos donde agarrarnos".
El duro diagnóstico
Todo comenzó en junio de 2024, meses después de la separación de sus padres. La niña empezó a mostrarse "más irascible" en el colegio, un cambio que inicialmente se achacó al proceso de somatización de la nueva situación familiar. Sin embargo, al final del curso, un dedo de su mano derecha que"se le quedaba agarrotado", encendió todas las alarmas.

Tras dos diagnósticos iniciales de "dedo en gatillo" en el Hospital La Paz, la insistencia de su madre, que "seguía sin quedarse tranquila", fue clave. Su pediatra de referencia, al verla, les instó a acudir de inmediato al hospital Puerta de Hierro para realizar un TAC. Esa misma tarde recibieron "la peor noticia de nuestra vida": Marta tenía un tumor cerebral.
Lucha y altibajos del tratamiento
Marta ha pasado por quimioterapia, radioterapia y un ensayo clínico en el Hospital Niño Jesús. La familia incluso buscó un tratamiento en París que, inicialmente, pareció funcionar. En julio de 2025, las pruebas mostraron una ligera reducción del tumor, y en septiembre la resonancia confirmó que seguía disminuyendo, lo que llenó de esperanza a médicos y familiares.

Sin embargo, a principios de noviembre, una crisis epiléptica lo cambió todo. Una nueva resonancia magnética reveló que "el tumor había crecido mucho por otro lado". En ese momento, los médicos les comunicaron la dura realidad y les pusieron en contacto con el equipo de cuidados paliativos. "No nos dieron ya ninguna esperanza", lamenta Jorge, y añade que "no pensaban que fuera a pasar de navidades".
A pesar del pronóstico, la fortaleza de Marta sigue asombrando a todos. Su gran pasión es ir al colegio, donde, según su padre se ha convertido en una fuente de inspiración. "Yo creo que le está dando una lección de vida a todos en general", afirma Jorge.
Una fundación para la esperanza
La madre de Marta, Leti, ha decidido canalizar el dolor para ayudar a otros. Tras un necesario descanso, ha vuelto "con las pilas cargadas y con la iniciativa de montar la fundación Martita y su eterna sonrisa". El objetivo es claro: recaudar fondos para la investigación y "que ningún padre tenga que volver a pasar por esto, porque yo esto no se lo deseo ni a mi peor enemigo", sentencia Jorge.

La familia subraya la importancia de la financiación privada para que hospitales como el Niño Jesús, con médicos como el doctor Álvaro Lasaleta a la cabeza, puedan avanzar en sus estudios. Hacen un llamamiento a la colaboración entre asociaciones y fundaciones para que, juntas, logren el fin común de encontrar una cura para este tipo de tumores.
Este texto ha sido elaborado por el equipo editorial con la asistencia de herramientas de IA.



