Antonio, capitán de barco en Marín: "Lo único que ves en la mar es agua, gaviotas y trabajo"
Antonio Soage ha pasado 40 años de su vida en la mar dedicado a la pesca de altura: "La mar te lo da todo pero te lo puede arrebatar"

Antonio, capitán de barco en Marín: "Lo único que ves en la mar es agua, gaviotas y trabajo"
Madrid - Publicado el - Actualizado
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Las malas condiciones meteorológicas, como te estamos contando, con rachas de viento de hasta 72 kilómetros por hora y temperaturas de más de 7 grados bajo cero, están dificultando la búsqueda y rescate de los 11 tripulantes aún desparecidos del pesquero español “Villa de Pitanxo”. El pesquero se hundió a primeras horas del martes con 24 tripulantes, como ya sabes, a 450 kilómetros de la isla de Terranova. Hay, al menos, 3 supervivientes pero las posibilidades de encontrar con vida al resto de tripulantes son escasas hay 11 marineros desaparecidos y se han recuperado 10 cuerpos.
Esto es lo que está pasando a esta hora en los confines del mundo, en Terranova, un lugar de clima inhóspito y aguas gélidas. Un escenario de poderosa naturaleza que continúa atrayendo a los marineros y pescadores españoles, igual que lo hacía hace siglos. Antonio Soage Loira, es uno de ellos. Ha pasado 40 años de su vida en la mar dedicado a la pesca de altura. Conoce esas aguas. Esas y otras muchas porque, aunque jubilado desde 2012, Antonio comenzó en la profesión muy pronto, con tan sólo 16 años y lo hizo, precisamente, en aguas de Terranova, en Canadá.
Antonio empezó como ayudante de cocina, y recuerda ese viaje como uno de los más peligrosos de su vida. “Únicamente salía a la cubierta para acercar a los marineros un poco de café cuando lo necesitaban”.
Con el tiempo, Antonio, pasó de ayudante de cocina a marinero y terminó faenando como capitán durante muchos años. No es fácil, recuerda, tener bajo tu mando, a tu cargo la vida de 70 personas, porque el capitán no es solo el capitán, es también el médico, el psicólogo, el compañero, el aliado. Ahora, a sus 66 años, vive con su mujer en Marín, en Pontevedra, tranquilo. Mirando al mar y sopesando si mereció la pena pasar tanto tiempo lejos de su familia pero, como sólo los marineros saben sentir, cuando la mar te llama, hay que ir.



