En la Tierra Santa herida, la Pascua sigue siendo un grito de vida

Esta Semana Santa, la Tierra del Señor ha vuelto a recordarnos que la fe nace y renace siempre en medio de la fragilidad. Con el Santo Sepulcro sometido a liturgias celebradas casi en silencio, Jerusalén ha vivido días marcados por la herida de la guerra. Mario Alcudia reflexiona sobre cómo, a pesar de las restricciones, sin multitudes ni fieles alrededor de la tumba vacía, la Pascua vuelve a desplegar su luz; una esperanza que anuncia que la Vida vence, incluso cuando todo parece oscurecerse

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EN LA TIERRA SANTA HERIDA, LA PASCUA SIGUE SIENDO UN GRITO DE VIDA | FIRMA MARIO ALCUDIA

Redacción Religión

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Ha sido una Semana Santa atípica en la Tierra donde el Señor entregó su vida por nosotros, donde el sepulcro se abrió para siempre, donde la fe nació como un estallido de luz. El silencio de la guerra ha marcado estos días de profunda esperanza; una Semana Santa y una Pascua celebrada bajo restricciones, con el Santo Sepulcro cerrado durante horas, las calles semivacías y el miedo latente en el ambiente.

Un gesto simbólico y providencial que nos recuerda que la fe cristiana nació precisamente en una noche de miedo, cuando incluso los apóstoles estaban encerrados, y sin embargo, fue allí donde la Resurrección irrumpió con fuerza.

A causa de la guerra y las medidas de seguridad, las celebraciones han tenido que hacerse sin la presencia de fieles, solo con una participación espiritual; y nos genera tristeza porque si hay un lugar en el mundo donde la Semana Santa debería celebrarse con plenitud, es precisamente allí. El mismo sitio en el que Cristo fue juzgado, condenado y crucificado. Allí donde su cuerpo fue depositado en el sepulcro como estamos rememorando este Sábado Santo.

Pero todo esto nos deja ver también, como te decía, que la Resurrección irrumpió en un contexto de miedo, de violencia, de ocupación e incertidumbre. No nació en un clima de celebración, sino en la fragilidad. Y así también hoy la fe se abre paso entre las ruinas, entre los toques de queda, entre los estallidos de dolor de un pueblo que no consigue encontrar descanso.

Todo esto nos recuerda también que la Pascua no depende de liturgias perfectas, ni de calles llenas de procesiones. Esta Semana Santa 2026 nos deja la certeza de que ni las restricciones ni el miedo podrán cancelar la alegría de la Pascua

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