Alzar la mirada para descubrir al Resucitado
A la luz de la Pascua y en el horizonte de la visita del Papa a España, el lema “Alzad la mirada” adquiere una fuerza especial: levantar los ojos para redescubrir la esperanza que nace del Resucitado y devuelve sentido al camino. Mario Alcudia reflexiona sobre el significado profundo de esta frase que interpela no solo a los creyentes, sino a toda la sociedad, invitándonos a abrir el corazón, a salir de nosotros mismos y a reconocer que Dios sigue actuando en nuestra vida y en nuestra historia

ALZAR LA MIRADA PARA DESCUBRIR AL RESUCITADO | FIRMA MARIO ALCUDIA
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Esta semana hemos conocido algunos detalles del viaje del Papa León XIV a España en el mes de junio; entre ellos el lema de la visita “Alzad la mirada” que resuena como una llamada tan sencilla como profundamente necesaria: levantar los ojos, ensanchar el corazón y atrevernos a ir más allá de nosotros mismos.
Así lo recordaba el Pontífice en su homilía del Domingo de Pascua. El Resucitado nos pone en movimiento, como a María Magdalena y a los Apóstoles, sacándonos del encierro del miedo, del duelo o de la resignación. No es una invitación a evadirse de la realidad, sino a mirarla con los ojos de la fe y de la esperanza.
En ese “Alzad” se esconde esa sed profunda que es la sed de Dios. Reconocerlo como fuente de unidad, de belleza y de caridad es reconocer, al mismo tiempo, que solo desde Él podemos reconstruir vínculos, sanar fracturas y volver a mirarnos como hermanos.
Alzar la mirada no es huir del mundo, sino poner a Dios en el centro para que todo lo demás encuentre su justo lugar.
En medio del cansancio y el desánimo, la Iglesia nos invita a hacer lo mismo que Jesús con los discípulos: levantar la mirada, abrir el corazón a la esperanza que brota de la presencia viva del Resucitado. Sigue levantando a los abatidos y devolviendo la alegría a los corazones cansados.
La visita del Papa será, sin duda, una gracia para vivir esta experiencia común. Alzar la mirada es volver a ponernos en camino sabiendo que el Señor nos precede y nos acompaña. Es una llamada a fijar los ojos en Aquel que nos ama y, porque nos ama, nos salva. En definitiva, alzar la mirada es aprender a vivir con esperanza.



