La represión despunta en Bielorrusia
Escucha la Firma de José Luis Restán del martes 8 de julio

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Seguramente todos pensamos que las persecuciones contra los cristianos protagonizadas por los regímenes comunistas al otro lado del Telón de Acero son cosa del pasado. Sin embargo, la revista La Nueva Europa, muy bien informada sobre todo lo que sucede en el Este de Europa, acaba de lanzar la voz de alarma sobre la represión del gobierno bielorruso de Alexander Lukashenko, especialmente contra los sacerdotes católicos. Treinta y un sacerdotes han ingresado en prisión preventiva desde las protestas pacíficas que siguieron a las elecciones de 2020, en las que el último dinosaurio de filiación soviética que continúa en el poder perpetró un pucherazo en toda regla para evitar la victoria de la oposición democrática.
La Iglesia Católica es la segunda denominación cristiana en Bielorrusia y cuenta con un millón y medio de fieles. Se trata de una minoría activa, compacta e históricamente arraigada en el país, siendo incluso mayoritaria en las regiones noroccidentales, vecinas a Polonia y Lituania. El régimen está usando puño de hierro contra toda forma de oposición y, aunque la jerarquía católica ha procurado moverse cautelosamente, las parroquias son centros de vida comunitaria en los que se alimenta la conciencia de una sociedad que lucha por la libertad. También han sido un espacio para cobijar a los perseguidos tras las manifestaciones.
Algunos sacerdotes han sido acusados de espionaje o de traición al Estado por sus comentarios en redes sociales, o tan solo por haber aparecido junto a una bandera de Ucrania. También se han producido montajes para acusar a alguno de ellos de abusos, una práctica habitual de los servicios policiales comunistas. El viento gélido del totalitarismo no es cosa del pasado, sigue soplando y no tan lejos de nuestras fronteras. Las comunidades cristianas vuelven a verse puesta a prueba en las lindes orientales de Europa y, quizás, desde allí, vuelva a llegarnos también el testimonio de “la fe que vence al mundo”, como decía el apóstol San Juan.