No te pases tres pueblos

En 'La Tarde' te contamos la peculiar historia de estos tres pueblos: Carmela, La Peraleja y Guadalupe 

 

Tiempo de lectura: 2' Actualizado 19:24

El verano es tiempo de vacaciones, piscina, fiestas, turisteo...y también de pasar tiempo en el pueblo. Te llevamos a tres pueblos de la geografía española, cada uno con una historia que contar.

"Es solamente tocar un botón y nos comunican con urgencias"

En primer lugar, viajamos a Derroñadas (Soria), donde pasan de ser 8 habitantes durante el año, y a más de 500 cuando llega el verano. En 'La Tarde' hemos hablado con una vecina, se llama Carmela, y tiene 78 años: "Derroñadas es muy bonito, es un pueblo que cuando entras al principio no ves mucho, porque tira hacia el monte, y una vez te metes dentro, te quedas maravillada. Pero solo hay casas, que son muy bonitas con prados preciosos. La gente es muy agradable porque ya nos conocemos entre todos. Somos una familia estupenda". 

De Derroñadas nos trasladamos hasta Cuenca, concretamente hasta la localidad de La Peraleja, donde como curiosidad cuentan entre su calles con una cabina salvavidas. Nos lo cuenta su alcalde, Miguel Ángel Usano: "No le hemos dado uso de momento. Es un dispositivo que lo que hace es facilitar una llamada al 112. La tenemos puesta en la puerta del ayuntamiento. Es solamente tocar un botón y nos comunican con urgencias. En caso de emergencia igual nos bloqueamos y en invierno estamos muy pocos, entonces vienes, tocas el botón y listo. La idea nos la propuso juan, un vecino del pueblo, y nos pareció muy interesante y por eso lo pusimos".

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Finalmente, llegamos a Guadalupe (Cáceres). En este pequeño pueblo, lo curioso es que sus juntas vecinales se celebran al fresco. Las hacen en la plaza y por lo visto funcionan, ya que va mucha gente. Hablamos con Felipe Sánchez, alcalde del pueblo: "La gente no solía participar en los plenos, y en las asambleas vecinales tampoco, las convocábamos de forma genérica. El 30 de junio del año pasado, convocamos unas y no se presentó casi nadie, entonces por la noche pensando, me di cuenta que debíamos ir a las calles del pueblo, para convocar a los vecinos, llevábamos sillas y el alcalde explicaba todo, y así dábamos la palabra a ellos. Nos lo tomamos muy enserio porque tomamos nota de todo, para así resolver los problemas". 

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