Paco, albañil voluntario que viajó a Mauritania: "Luego se volcaron con nosotros, nos trajeron un montón de gente para hacer zanjas"

Un grupo de 20 voluntarios de un pueblo de Toledo viaja al desierto para rehabilitar una escuela y un consultorio médico usando sus propios recursos

Al liberar 2,5 horas semanales, los trabajadores dispondrán de más tiempo para actividades personales, familiares y de ocio,
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La Tarde

Álvaro Criado

Madrid - Publicado el

4 min lectura14:33 min escucha

Hay viajes que transforman lugares y personas. Este es el caso de la expedición que ha llevado a veinte vecinos de Cazalegas (Toledo) a recorrer más de 2000 kilómetros hasta Birmograin, una localidad aislada en el desierto de Mauritania. No pertenecen a una gran ONG, son ciudadanos con sus oficios —albañiles, sanitarios, electricistas, hosteleros— que decidieron organizarse por su cuenta, dejar sus trabajos por unos días y ayudar a mejorar las infraestructuras de un lugar con recursos muy limitados.

Diez días para transformar un colegio

En apenas diez días, este grupo de voluntarios ha conseguido hitos tan fundamentales como llevar agua corriente a un colegio, mejorar sus instalaciones, arreglar los baños y poner luz en las aulas. Paco Romero Fernández, albañil de profesión, fue uno de los participantes y el encargado de evaluar los trabajos más urgentes. "La caseta esa no pinta nada, esa habría que tirarla", comentaba al inspeccionar las deficientes instalaciones del centro educativo.

El equipo se enfrentó a enormes desafíos, como descubrir que los falsos techos estaban hechos de fibrocemento (uralita), un material peligroso con el que los niños convivían a diario. Ante la falta de materiales adecuados, tuvieron que improvisar. "Esa fue nuestra mayor sorpresa, que no podíamos disponer de otro material para intentar poner otras cosas que no fueran tan perjudiciales", explica Paco. A pesar de todo, lograron dejar un aula completamente renovada en solo cuatro días de trabajo intensivo, desde el amanecer hasta bien entrada la noche.

El esfuerzo fue titánico: picaron paredes, revocaron, echaron un plastón de cemento en el suelo para nivelarlo, instalaron falsos techos de madera y colocaron nueva iluminación. Al principio, la población local se mostró sorprendida por el ritmo de trabajo, pero pronto se unieron a la causa. "Luego se volcaron con nosotros, nos trajeron un montón de gente para hacer zanjas, hacer rozas, meter cable de la luz que estaba todo al descubierto", relata Paco. También se repararon otros peligros, como agujeros en la fosa séptica que suponían un riesgo para los más pequeños.

Buque de la Guardia Costera española patrullando el estrecho de Gibraltar con África detrás

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Costa de Mauritania

Una sanidad al límite y sin recursos

La parte sanitaria de la expedición, liderada por Sole Mateos, la enfermera del pueblo, se encontró con una realidad impactante. "La atención primaria como la conocemos aquí no existe como tal", afirma. En Birmograin hay una especie de consultorio que funciona como un servicio de urgencias, pero en condiciones muy precarias. Un ejemplo de la fragilidad del sistema es que el hospital más cercano se encuentra a cinco horas de viaje atravesando el desierto.

Si tienes un infarto, es que no llegas al hospital"

Sole Mateos

Sanitaria

Esta distancia hace que una emergencia médica sea prácticamente una sentencia. "Si tú tienes un infarto, pues es que no llegas al hospital, o si tienes un ictus, o sea, el valor de la vida no tiene que ver", reflexiona Sole. La falta de recursos es crítica. Por ejemplo, los pacientes diabéticos no disponen de insulina, ya que es imposible garantizar la cadena de frío durante el transporte por el desierto, lo que impide la supervivencia de quienes la necesitan.

Insulina

FREEPIK


Un lazo que se convierte en asociación

A pesar de las dificultades, el recibimiento de la población local fue excepcional. "Todo el mundo superamable, nos han cuidado muchísimo, nos hemos sentido superprotegidos", cuenta Sole, quien estuvo atendiendo a pacientes en sus domicilios. Esta experiencia ha nacido del hermanamiento entre Cazalegas y Birmograin y ha sentado las bases para un proyecto a largo plazo.

Esto merece la pena verles la carita

Sole Mateos 

Sanitaria

Para dar continuidad a esta labor, los voluntarios han creado la asociación Estrella del Desierto Mauritano. El objetivo es seguir colaborando, con un nuevo viaje previsto para abril y la intención de traer niños a España con programas como Vacaciones en Paz. La satisfacción, aseguran, es inmensa. "Realmente te vienes con una satisfacción muy grande", confirma Paco. Para él, la recompensa está en los pequeños gestos: "Esto merece la pena verles la carita".

Uno de los momentos más emocionantes fue la instalación de una bomba de agua en el colegio. Los niños, acostumbrados a sacar agua de un aljibe con un cubo y una cuerda, vieron por primera vez salir agua de un grifo. "Ver que abrían un grifo y salía agua, y poder beber del grifo, eso ya para ellos fue un acontecimiento. De verdad que eso te daba alas para continuar mucho más", concluye Paco. Un gesto que pone en valor las necesidades básicas que en España se dan por sentadas.

Este contenido ha sido creado por el equipo editorial con la asistencia de herramientas de IA.

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