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La foto: "Cuando parecemos jamelgos desnutridos somos más listos, más directos, más agradecidos"

Fernando de Haro elige una foto de La Vanguardia para cerrar el programa 

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Fernando de Haro

'La Tarde'

Tiempo de lectura: 2'Actualizado 19:13

La foto que me ha llamado la atención la publica La Vanguardia. De fondo se ven dos troncos de dos árboles muy grandes que yacen sobre el suelo. Están los troncos cruzados y detrás, sin foco hay una mancha de bosque verde y delante un animal que en el primer vistazo no se distingue. De hecho, al pasar la página del periódico me he detenido porque me ha parecido un hormiguero extraño o un lobo escarmentado. Leo la noticia y me informo de que el retrato es de una señora osa que está en los huesos. Tiene la señora osa el cuello y la cara muy escurridas, afilado el morro y se le ven a la señora osa los huesos de la paletilla y tiene una tripa pequeña y con muy pocas carnes. Parece un jamelgo. Por lo visto el río que la señora osa frecuentaba en el Canadá se está quedando sin salmones. Y por más que rebusca no encuentra nada para comer y ya le llaman a la señora osa la rocinanta. Esta la señora osa muy necesitada, y con este hambre la señora osa tiene un olfato que no tenía y antes no había olido con tanta precisión si en el río 200 metros más arriba se había caído una castaña, ni hasta ahora la señora osa había mirado tan intensamente a la luna rielando en el arroyo por ver si entre las platas se asomaba trémulo, el lomo de algo que nade y que se pueda echar a la boca. Y la señora osa no había escuchado nunca con tanta atención el crujido de las ramas, el gorgojeo de los cantos en el cauce, no se había dado cuenta la señora osa de cuántos y numerosos han sido sus errores, ni de lo poco que entrenó cuando los salmones eran multitud, de lo poco que guardó. Esta señora osa es otra osa desde que tiene necesidad y en cuanto algo nuevo se mueve bajo la luna, en el agua, sabrá darse cuenta. No dudará, no discutirá. Porque la necesidad es así: nos hace estar más atentos, con hambre no perdemos el tiempo en justificar los errores, cuando parecemos jamelgos desnutridos somos más listos, más directos, más agradecidos. 

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