Elías de Andrés, herrero: "Yo no soy un mago, soy una persona normal. Lo que pasa es que son 80 años de experiencia"
A sus 91 años y con ocho décadas de experiencia, este artesano de Segovia es uno de los últimos guardianes de un oficio que se hereda y se aprende en la fragua

Madrid - Publicado el - Actualizado
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El sonido del martillo sobre el hierro todavía resuena en una fragua casi centenaria de Segovia. Allí, Elías de Andrés, a sus 91 años, sigue dando forma al metal como lo ha hecho durante más de ocho décadas. Considerado uno de los últimos grandes herreros artesanos de España, su historia es la de una vida entregada a un oficio que se hereda de generación en generación.
Una vida junto al yunque
Nacido en Espirdo (Segovia) en 1934, en el seno de una familia de herreros, Elías tuvo su primer contacto con el fuego a los siete años. Ayudaba a su padre con el fuelle al salir de la escuela y, a los 14, montó su propia fragua junto a sus hermanos. "De muy pequeño yo era ya, dijéramos, mayor, vamos, para poder trabajar", recuerda sobre su temprana vocación.
A mediados del siglo XX, la figura del herrero era imprescindible en la vida rural española. Elías fabricaba herraduras, aperos de labranza, cuchillos o cerrojos. Era un trabajo exigente que requería no solo fuerza, sino también ingenio. "Había que pegar los hierros a fuego, una soldadura a calta que se llama, con a 1400 grados de temperatura", explica sobre las técnicas de entonces.
Había que cumplir con el cliente para que volviera y poder sobrevivir"
Herrero
Para sobrevivir, la clave era la eficiencia y la calidad, porque "había que cumplir con el cliente para que volviera y poder sobrevivir, porque era así". Un cuchillo artesanal, por ejemplo, podía llevarle "cuatro o cinco horas" de trabajo.

El río Eresma a su paso por la Casa de la Moneda, a 6 de marzo de 2025, en Segovia
Con el tiempo, su trabajo útil evolucionó hacia lo artístico. Suyo es el diseño de las rejas y la puerta principal del Palacio de Comunicaciones de Madrid, una obra de 2.000 kilos que tardó seis meses en forjar y un mes en montar. También ha creado esculturas, como una expuesta en el aeropuerto de Palma de Mallorca.
Un legado en el aire
Yo no soy un mago, es una persona normal"
Herrero
A día de hoy, Elías de Andrés continúa haciendo demostraciones dos veces por semana en la Real Casa de la Moneda de Segovia. El público se asombra al ver su energía y destreza. "La gente se queda admirada y dice: '¿Cómo puede ser? Es que es imposible'. Alguno dice: 'es un mago'", comenta Elías, a lo que él responde con humildad: "Yo no soy un mago, es una persona normal. Lo que pasa es que son 80 años de experiencia".
A pesar de su dedicación, el futuro de la forja artesanal es incierto. Su hijo, aunque tiene un taller, no sigue la tradición artística porque, según explica Elías, "no hay clientes que lo puedan pagar". Es la realidad de un oficio que se desvanece y que, a veces, deja anécdotas curiosas, como reconoce el propio maestro sobre el dicho popular: en su casa, a veces, también hay "cuchillo de palo".
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