Ana, usuaria de Rodalies: "En mi mochila siempre llevo ropa interior, por si ese día me tengo que quedar tirada en Barcelona, y un cojín"
El colapso del servicio de cercanías en Cataluña desborda a los usuarios con viajes interminables, ansiedad y un grito unánime por la dignidad en el transporte

Madrid - Publicado el
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El servicio ferroviario de cercanías en Cataluña, Rodalies, se ha convertido en el epicentro de una crisis de movilidad que afecta diariamente a 400.000 personas. Una semana después de un colapso general del sistema, las consecuencias de una red obsoleta y años de parálisis inversora siguen generando un caos que desborda a los viajeros. La situación ha provocado un estado de nervios y ansiedad generalizado entre miles de ciudadanos que, un día tras otro, llegan tarde a sus puestos de trabajo.
Las jornadas de caos se suceden, especialmente a primera hora de la mañana, con líneas que combinan tren y autobús, obras activas y numerosos puntos con limitación de velocidad. Estos factores provocan que el tiempo de trayecto en algunos casos llegue a duplicarse o incluso triplicarse, convirtiendo el simple hecho de ir a trabajar en una prueba de resistencia.
Un viaje de Yumanji para ir a trabajar
El ejemplo más gráfico de esta situación es la línea R4, que conecta Manresa con Sant Vicenç de Calders. Un usuario que viaje desde Manresa con destino a El Arboç debe enfrentarse a un itinerario fragmentado. El recorrido implica coger un autobús de Manresa a Terrassa, luego un tren de Terrassa a Martorell, un segundo autobús entre Martorell y Sant Sadurní d'Anoia, y finalmente, un último tren hasta su destino. Los propios usuarios han calificado esta experiencia como una yincana o un viaje de Yumanji.

Ante los constantes retrasos, algunos usuarios han desarrollado sus propias estrategias.
Este problema, sin embargo, no es nuevo. Hay quienes recuerdan que las Rodalies de Cataluña nunca han funcionado de manera óptima. Durante años, los barceloneses han convivido con una movilidad manifiestamente mejorable para una ciudad puntera en Europa. La falta de infraestructuras alternativas eficientes, como la prometida línea de metro al Baix Llobregat, agrava la dependencia de un servicio de cercanías deficiente y ha supuesto una desventaja competitiva para Barcelona respecto a otras grandes ciudades.
El rostro humano del colapso
Detrás de las cifras y los problemas técnicos hay miles de historias personales. Es el caso de Ana Gómez, portavoz de la plataforma Dignidad en las Vías, que vive en Tarragona y trabaja en una plataforma logística en Barcelona. Su testimonio refleja la magnitud del drama. Si en 2005 tardaba menos de una hora en llegar, ahora su viaje es una pesadilla sin fin.
Actualmente, Ana coge el tren a las seis y cuarto de la mañana para intentar llegar a su trabajo a las nueve, pero ni con ese margen lo consigue. La situación es tan extrema que ha llegado a dormir en un banco de la estación porque, debido a un retraso, solo le quedaban tres horas para volver a entrar a trabajar. “En mi mochila siempre llevo ropa interior, por si ese día me tengo que quedar tirada en Barcelona, y un cojín”, explica.
Las consecuencias anímicas son devastadoras. Ana relata un viaje de vuelta en el que tardó casi cuatro horas, llegando a su casa pasada la medianoche. En un vídeo que grabó, confesaba entre lágrimas su agotamiento. La tensión acumulada, explica, se traslada a la vida personal: “Llegas a casa irascible, te dicen cualquier cosa y la pagas con los que más están ahí”.
Tengo ganas de llorar, en 6 horas tengo que volver a estar aquí"
Afectada
El desgaste es tal que afecta a todos los ámbitos. “Vamos tan dormidos, vamos tan liados”, comenta al recordar cómo perdió sus auriculares por la mañana a causa del cansancio y el estrés. “Todo es el tren”, concluye, resumiendo cómo el colapso del servicio impregna cada aspecto de su vida y la de miles de afectados, que han creado grupos donde comparten que han gritado a sus hijos o parejas por la frustración.
Un problema enquistado y la pérdida de talento

La estación presentaba una aparente normalidad en cuanto a afluencia a primera hora
La crisis de Rodalies también tiene un impacto laboral y económico directo. Ana Gómez ha tenido que solicitar una adaptación de su horario, un “trato especial” que le pesa. “No quiero un trato especial, porque en el fondo luego todo a ti te pesa”, afirma. Por ello, se niega a aceptar el teletrabajo como solución permanente, pues supondría renunciar a una normalidad que se resiste a perder.
No quiero teletrabajar solo por sentir que soy persona"
Afectada
Esta situación no solo afecta a los empleados, sino también a las empresas. Algunos empresarios admiten que pierden talento porque muchos candidatos rechazan ofertas de trabajo si implican depender del tren. “¿Cuánto tenemos que ofrecerte para que quieras coger el tren?”, es una pregunta que refleja la desesperación del tejido empresarial ante la falta de una movilidad fiable.
Ante este panorama, la movilización ciudadana se organiza. Ana Gómez, en nombre de las plataformas de afectados, ha hecho un llamamiento para una manifestación el próximo sábado a las cinco de la tarde. La marcha partirá de la Estació de França, sede de las oficinas de Adif, y llegará hasta la Generalitat para protestar y “recuperar nuestra dignidad en la movilidad”. Un grito desesperado por una solución urgente que devuelva la normalidad a la vida de casi medio millón de personas.
Este contenido ha sido creado por el equipo editorial con la asistencia de herramientas de IA.




