Fernando de Haro, desde Almonte (Huelva): "Esta provincia vive del turismo, la mina y el cultivo de la fresa"
El copresentador de 'La Tarde' analiza toda la actualidad y la vuelta del Rey emérito desde Huelva

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Desde Almonte. Pilar Cisneros y yo seguimos en la carretera, recorriendo Andalucía para hacer una cobertura muy especial de la precampaña electoral de las elecciones que se celebran en esta tierra en junio. En esta cobertura no hablan los políticos, habla la gente-gente. Tengo enfrente una calle engalanada con flores y pendones y al fondo la iglesia donde esta la Blanca Paloma. La Virgen no pudo volver a su ermita por la pandemia del Covid. Dentro de unos días es Pentecostés y dentro de unos días, el 3 de junio, empezará la romería. Almonte y el Rocio son Huelva, pero Huelva son más cosas que el Rocío.
Esta es una provincia que vive, sobre todo, del turismo, de la mina, del cultivo de la fresa y de los frutos rojos. Una provincia que espera desde hace décadas la llegada del ave y una infraestructuras que le ayuden a no estar arriconada y a reducir el paro. La Huelva del norte es ya España vaciada porque la gente se baja a la costa para tener futuro. Esta mañana he estado en Lepe, debajo de los plásticos, en un cultivo de fresa y arándanos. 100.000 personas viven en Huelva del cultivo de los frutos rojos. He hablado con Rocío, que es hija y nieta de agricultores pero, con su marido ha hecho cosas nuevas en el campo.
Rocío y su marido Francisco Javier no solo han innovado en los cultivos, aunque su empresa es pequeña han conseguido exportar a la mitad de Europa
La explotación de Rocío y Francisco Javier explica bien las contradicciones de la regulación del mercado de trabajo, problema que sufren en toda la provincia. En Huelva hay 40.000 personas en paro pero falta mano de obra para la fresa. Una parte de esa mano de obra son migrantes que vienen, de forma regular, con contratos en origen. Pero sigue faltando mano de obra. Los agricultores de la fresa quieren contratar migrantes legalmente pero muchos siguen sin papeles, jugándose la vida en el Estrecho y malviviendo desde hace 20 años en asentamientos chabolistas.



