La Foto: "Por eso tocan, por eso ríen, por eso han formado la comparsa del asombro"

Madrid - Publicado el - Actualizado
1 min lectura
La foto que hoy me ha llamado la atención es de Cristobal Hara, premio nacional de fotografía de este año. Está tomada cerca de un pueblo, en un tierra de labrantío, en una tarde llena de luz, el sol todavía alto,. El cielo al acercarse a la raya donde el mundo da la vuelta pasa del cobalto a un azul pastel. Las nubes se concentran en el horizonte, nubes densas, apelotonadas, esencia del blanco. Al fondo un cortijo, después la linde y una sabina solitaria, vieja antes de ser joven. Los surcos profundos, terrones retintos al aire. Y dos chiquillos caminando por una vereda dibujada para las distancias de la siembra. En cabeza, una niña con sandalias, pelo largo y pantalones rojos. Sonríe y hace estallar el mundo con estrépito usando dos platillos muy grandes que parecen escudos contra la tristeza. A tres metros, un chaval con un tambor atado al pecho. El niño golpea la luna d con unos palillos que parecen lanzas en sus manos. Levanta la cabeza para oir el eco de su música en el techo del firmamento. Platillos que se encuentran como una cascada de risa, pandero que marca el paso y despide la pereza. Los chiquillos desfilan entre surcos de sorpresa, por eso tocan, por eso ríen, por eso han formado la comparsa del asombro, del pasmo, de la admiración. Sobrecogidos por haberse despertado esta mañana entre sábanas de inocencia, conmovidos porque las gallinas piquen el corral, por el susurro de la acequia, por el olor de la carne de membrillo de la merienda, sobrecogidos por poder decir su nombre y entenderlo, salen a festejar el mundo, a festejarse.



