La foto: "Hay quien piensa que se han perdido todos los límites, que todas las brújulas están desorientadas"
Escucha la foto del día de Fernando de Haro

Madrid - Publicado el - Actualizado
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La foto que me ha llamado la atención hoy se ha tomado en Etiopía. En ese país de África hay una de esas guerras de las que no sabemos nada. El retrato está tomado en una biblioteca modesta, quizás en la biblioteca de un colegio. Es una habitación poco recogida, de techos altos, pintada de amarillo limón con seis grandes ventanas protegidas por rejas. Las librerías muy poco aristocráticas, apenas varias baldas de madera barata. Las sillas y las mesas para la lectura, humildes, escolares, como eran las nuestras hace mucho tiempo. Hay una mesa volcada y los asientos parecen cabras desorientas buscando en todas direcciones a alguien que les retorne al redil. Todo el suelo está alfombrado de libros de colores, amarillos, rojos, verdes. Libros finos y sencillos, para enseñar. La escena de libros convertidos en un papel que no se reciclará la han montado los de siempre. Piensan - en realidad no piensan nada- que acabando con la lectura terminarán con la peligrosa posibilidad de que cada uno diga, esto es bueno, esto es malo, esto es bonito, esto es feo. Y el problema no son los libros. Se pueden haber leído muchos libros y seguir esperando que los expertos, Wikipedia, un vecino te diga lo que es feo y lo que malo. Siempre hay intelectuales y amigos dispuestos a ahorrarte el esfuerzo de hacerlo, de atreverte a decir esto es bueno, esto es bonito. Más ahora. Este es un tiempo confuso. Y hay quien piensa que se han perdido todos los límites, que todas las brújulas están desorientadas. Cuando las brújulas marcaban claramente el norte y el sur se podía dejar que los hombres decidieran, desearan, buscaran. Ahora no, ahora no se puede, argumentan muchos. Ahora hay que decir claro lo que todos tenemos que hacer, dejar meridianamente claro lo que es bonito y lo que es rematadamente feo. Hay que marcar el rumbo, hay que ser eficaz, el que la libertad de que cada uno juzgue y valore supone demasiados riesgos. Y así, con esa desconfianza, crece cada vez más la confusión.



