
Madrid - Publicado el - Actualizado
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La foto que me ha llamado la atención la he visto hoy en El País. Es una imagen tomada en la primavera de 2007 en la Gran Vía de Madrid y está firmada por Luis Camacho. La luz ambarina de una tarde que se marcha, luz rubia, más amarilla que naranja ciega a dos mujeres. Una de ella es una modelo escuálida, con tan pocas carnes que da grima, una modelo que anuncia unos pantalones vaqueros, una camiseta o una chaqueta. No acierto a entender el anuncio. La modelo escuálida, en una foto que está dentro de la foto, con ese gesto habitual de suficiencia de las mujeres que venden moda, se tapa la cara. La mano de la modelo está a la distancia precisa para que las sombras jueguen con sus labios perfectos, con sus mejillas de pedernal. En la calle, la segunda mujer. También en ropa vaquera, con curvas reales, con un rostro deliciosamente mofletudo. La mujer real, también rubia, también se lleva la mano a la cara, a la frente, para hacer de visera. El sol de primavera en su despedida, sol muy pillo quiere cegarla, deslumbrarla. Pero ella achina los ojos y mira a lo lejos buscando horizontes más allá de la calle, más allá de la meseta, más allá incluso del mar que parece tan lejano. Deliciosa la mujer real buscando horizontes, huyendo de la trampa de caricias rancias sin libertad, del consuelo de lo conocido y de lo dominado, buscando tiento y firmeza imposibles más allá del mar.