Foto del Día: " los ojos que tuvimos de pequeños"
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Madrid - Publicado el - Actualizado
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La foto que me ha llamado la atención la he encontrado hoy en el catálogo de PhotoEspaña. Es un retrato en blanco y negro tomado por José María Díaz-Maroto en una calle de Cuba. El protagonista es un chico mulato, de once o doce años. Maroto ha retratado su cabeza y su pecho y ha dejado, desenfocado y en el fondo a otro chico y la calle en la que los dos buscan ganarse algún dinero. El pelo del niño parece una esponja oscura, un musgo de ceniza que creciera muy pegado a la piel. Tiene el niño los labios carnosos, la nariz ancha, las clavículas algo salidas, seguramente por el hambre, y el único ojo abierto ya no tiene la luz del infante. Hay en ese ojo el cansancio, la duda, el desapego de las personas mayores, de las personas heridas. El niño solo tiene un ojo abierto porque con el otro ojo hace un guiño, un guiño nada discreto, un guiño que le tuerce la boca, la nariz y la cara. Le sale incluso una arruga debajo del párpado. Arrugas en su piel de niño que sabe demasiado, que sabe lo que no es necesario saber nunca. Las arrugas suelen aparecer en nuestro rostro cuando hemos iniciado ese largo y laborioso camino que a veces solo se acaba cuando ya nos queda poco, el largo y laborioso camino de la madurez para recuperar la mirada, los ojos que tuvimos de pequeños, la sorpresa espontánea, la disponibilidad de quien siempre quería jugar. Pero en esta cara no, en esta cara las arrugas son prematuras, son la huella del inocente atropellado. Arrugas ya y mirada de cansancio en quién empieza la vida. Un guiño así, el guiño de una infancia traicionada, es como un grito: el grito que desnuda y que desvela que la justicia, mejor dicho que cierto tipo de justicia, cierto tipo de justicia no es suficiente, que hace falta una justicia diferente, definitiva, única.



