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Crónica Negra: un inquietante viaje a través de las mentes más sádicas

Los expedientes de algunos de los asesinos más violentos de las últimas décadas, criminales que pretendieron infligir un daño extra en sus víctimas

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COPE.es

Tiempo de lectura: 1'Actualizado 09:41

El 12 de diciembre de 2004, Gumaro de Dios le pidió a su amigo Raúl González que le devolviera el dinero que le debía. Ambos vivían como mendigos en un local abandonado, y Gumaro pretendía comprar droga. Pero Raúl le dijo que no tenía dinero.

Gumaro, indignado, cogió una piedra de buen tamaño y la estampó numerosas veces en la cabeza de su compañero, dejándole el cráneo completamente aplastado.

Pero lo peor estaba por venir. Gumaro cogió el cadáver y lo colgó bocabajo, para después comenzar a cortarlo en pedazos con un afilado cuchillo, con el que también extrajo todos los órganos.

Sintiendo hambre, pensó que con todos aquellos trozos de cuerpo podría preparar una buena comida. Como si nada, acudió a una tienda para comprar los ingredientes que necesitaba.

En una parrilla improvisada asó el corazón, los riñones, y algunas costillas. Con las vísceras preparó un caldo. Los filetes que extraño de los muslos fueron cocinados con una salsa de chile, cebolla y tomate. Tampoco desperdició la grasa corporal, con la que puso a freír unas tortitas.

Al terminar de comer dijo: “sabía a barbacoa de borrego”.

Abrimos los expedientes de los más sádicos asesinos en serie. Casos como el de Josep Vacher, que buscaba a sus víctimas en lugares aislados, donde las mutilaba con un cuchillo y se bebía su sangre.

O el caso de Yoel Finel, un hombre enloquecido por presuntas presencias de fantasmas de un viejo convento, presencias a las que creía calmar sólo a través del sacrificio de amigos, mendigos o prostitutas, víctimas a las que mataba para amputarle alguna parte del cuerpo, partes que eran expuestas en el interior de grandes jaulas para pájaros.

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