EN 'LA LINTERNA'

Bustos: “Lo que ha hecho ETA hoy es mendigar el perdón para sí misma”

Jorge Bustos trae a 'La Linterna' el 'Bueno, el feo y el malo' de la semana: Las víctimas de ETA, Cristóbal Montoro y Carolina Bescansa

Jorge Bustos en los estudios de COPE

COPE.es

Tiempo de lectura: 3' Actualizado 22:25

Sabemos que ha llegado la primavera, con la alteración de la sangre que se le supone, porque la política española se está desquiciando por todos sus puntos. El sopor invernal desaparece, la temperatura sube, el ambiente se caldea, la gente se enamora o se odia como solo se puede odiar a un compañero de partido. ¿Qué está pasando, Juan Pablo? ¡No tengo munición suficiente para disparar a tanto feo y a tanto malo! Así que empezaré por los únicos buenos que en estos momentos me vienen a la cabeza, buenos incontestables, buenos de verdad.
 

Las Buenas: Las víctimas de ETA

Esas que han tenido que desayunarse hoy con un infame comunicado –otro más- de la célebre mafia de carniceros con boina que nos ha jodido la vida durante medio siglo, antes de ser derrotada por la policía y la entereza de la sociedad española a la que odiaban. De modo que los que tienen la vida muy jodida ahora son ellos, y siempre es un gozo la justicia cuando se nos concede. Hay medios de comunicación que afirman que hoy ETA ha pedido perdón a las víctimas, cuando lo único que ha hecho es mendigar patéticamente el perdón para sí misma, en la esperanza de lograr la ansiada negociación penitenciaria que les aproxime los presos o mitigue sus penas o, directamente, los suelte. Espero que gobierne quien gobierne España de aquí a dos años, nadie incurra en tan nauseabunda tentación a cambio, por ejemplo, de un voto del PNV en los Presupuestos. Porque si las víctimas de ETA han sido buenas, es decir, han renunciado a cualquier venganza para entregar la reparación de su dolor indescriptible en manos del Estado democrático, es para que el Estado en justa correspondencia les honre con su esfuerzo por seguir persiguiendo a los asesinos y sus cómplices. Ese esfuerzo no puede caducar sin que la democracia entera se envilezca. No habrá olvido, ni perdón, ni impunidad. Habrá memoria, dignidad y justicia.
 

El feo: Cristóbal Montoro

Y a mí que no me miren, que en este país y no digamos ya en este oficio de miserables envidiosos no han faltado voceros tratando de disparar al mensajero. Lo único que yo hice fue sentarme a escuchar lo que tenía que decir Cristóbal Montoro, a quien le agradezco la confianza que no tiene con los demás. La entrevista lo que hizo fue provocar que aflorase abruptamente el conflicto larvado durante semanas entre Hacienda, que defiende su fiscalización, y Llarena, que defiende su instrucción. Pero esa es la tarea del periodismo. Ahora todos tendremos la oportunidad de saber la verdad: si hubo o no desvío consumado de fondos públicos para financiar el golpe separatista bajo la supervisión del Gobierno. Que esta controversia entre poderes del Estado favorezca la estrategia defensiva de los golpistas es dramático, pero más dramático sería fundamentar en falso la malversación y que Alemania repitiera la humillación de negar también ese delito. Yo no me posiciono, y desde luego seré el primero en pedir la dimisión de Montoro si se prueba su negligencia en un asunto tan capital: nos jugamos la impunidad por la mayor agresión contra la unidad de España en décadas. Pero decir que Montoro está conchabado con los nacionalistas es un desahogo de paranoicos: de hecho Montoro piensa que hubo rebelión, y deplora como todos la negativa del tribunal alemán a entregar a Puigdemont por ese cargo. Ahora bien, de momento no ve la malversación a no ser mediante falsedad documental o utilización de recursos no dinerarios. Así que o la Guardia Civil se equivoca o se equivoca Montoro, y lo sabremos pronto. Y si Alemania nos niega la entrega del prófugo también por malversación, la indignación estallará contra el Gobierno. Pero Montoro podrá decir entonces que ya lo venía advirtiendo. Aunque eso tampoco le salvará, ni a nadie de este Gobierno, que pagará juntas todas las facturas por su larga pasividad ante el origen y desarrollo del procés.
 

La Mala: Carolina Bescansa

A quien imaginamos a estas horas con una peluca fucsia camino de la frontera. ¿Carolina Bescansa? ¿Y quién es esa persona por la que usted se interesa? ¿Ha sido alguien en Podemos alguna vez? En un partido de corte leninista aquel que se atreve a desafiar al caudillo desaparece no solo del futuro del partido, sino también de su pasado. Bescansa ya no existe ni ha existido jamás, pero por el camino se ha cargado con su torpeza o su garrafal error de cálculo cualquier posibilidad de matizar el poder omnímodo de Iglesias, cualquier alternativa a su caudillaje de hierro. Por eso la primera víctima del plan filtrado de Bescansa no ha sido ella misma, que ya estaba condenada al ostracismo desde hacía tiempo, sino Íñigo Errejón, que aspiraba a fundar en Madrid un proyecto autónomo y que ahora debe conformarse con salvar la cabeza y con tener subido a la chepa a Ramón Espinar, con lo que pesan él y su pisito. Justo en el momento en que el PP de Cifuentes está más débil, los neomarxistas lilas se entregan a su más entrañable tradición: matarse entre sí ante el estupor de propios y alborozo de ajenos. Pero Podemos es así: un partido que no pierde una oportunidad de perder una oportunidad.

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